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DIRECCIÓN: Carlos Sorín
INTÉRPRETES: Javier Lombardo, Antonio Benedictis, Javiera Bravo.
Desde Vidas cruzadas de Robert Altman, muchas han sido las películas sobre, vidas cruzadas. Personajes que se encuentran y desencuentran, historias unidas por un sutil hilo que las une en una misma obra... Gran Canyon, Magnolia, Amores perros, Pulp fiction... Casi todas ellas aportan un interesante material dramático, que las hace dignas de perdurar en el tiempo y en la memoria. Tal es el caso de Historias mínimas la última película del redescubierto cine argentino.La película la firma Carlos Sorín, reputado director de publicidad. Esta es su tercera película. Trás casi quince años sin tomar la cámara de 35 milímetros, Sorín ha demostrado no haber perdido nada de buen hacer. La película tiene un argumento muy simple. Tres personas viajan por diferentes motivos a la ciudad de San Julián en la inmensa Patagonia Argentina:
Don Justo (80 años), dueño retirado de un bar-almacén, se escapa de la tutela de su hijo para ir en busca de su perro, Malacara, desaparecido hace tiempo.
Roberto (40 años), es un feliz viajante de comercio, que se recorre todo el sur de un lado a otro vendiendo sus productos. Siguiendo concienzudamente las técnicas de los libros de ventas que él utiliza, pretende conquistar a una joven viuda con un hijo pequeño. Ante la llegada inminente del cumpleaños de éste, decide viajar a San Julián donde ella vive con la sorpresa de una enorme tarta de cumpleaños.
María Flores (25 años), viaja con su pequeña hija en un destartalado autobús. Es una mujer muy humilde que vive de prestado y que ha resultado ser la ganadora de un concurso de televisión, cuyo mayor premio es una multiprocesadora. Aunque no sabe muy bien de qué se trata, siente curiosidad por el mundo televisivo.
Aquí están los tres motivos aparentes de esta singular road movie, pero tras de ello se esconden tres auténticas esperanzas....
Lo que realmente anda buscando Don Justo no es un perro. Busca el perdón; necesita redimirse de la culpa de un antiguo accidente, causado por él, que provocó la muerte de una persona. El perro, testigo del daño, se escapa de su lado. Por eso quiere encontrarle. Es lo que dará tranquilidad a su alma, para poder enfrentarse en paz a la muerte, cuando esta llegue.
Roberto, posee una vida tristemente frágil. De acá para allá, flirteando con unas y con otras... pero siempre sólo... Aunque se siente contento con su vida, un halo de insatisfacción rodea todo lo que hace. La esperanza de encontrar algo de amor auténtico en una joven viuda le llenan de alegría. Aunque resulta el personaje más divertido y caricaturesco, se convierte en el más penoso.
La historia de María Flores puede parecer la más mínima, y sin embargo... sin embargo, María representa la sencillez de la estabilidad, a pesar de las dificultades exteriores, ¿quién no las tiene? Resulta curioso cómo el descubrimiento de la banalidad y fatuidad de la televisión, no ejerce la más mínima influencia en una mente llena de inocencia y de sentimientos puros. La vuelta a su casa con el regalo en un brazo, y su hijita en el otro, no pueden ser más elocuentes. Es la vida real frente al cegador materialismo.
Perdón, amor, sencillez... en fin que Historias mínimas es una de esas películas de las que uno sale con ganas de ser un poco mejor persona. Todo un logro.
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