Número 35, diciembre 2002

Cuando uno habla de dibujos animados, lo primero que se le viene a la cabeza es un montón de niños y niñas gritando y saltando por el patio de butacas, mientras sus desesperados padres corren tras ellos con la lengua fuera, como si este género sólo les perteneciera a ellos. Desde luego, esto no fue así en un principio. Rebobinemos en el pasado...

El procedimiento de la animación, comúnmente llamado imagen a imagen, estaba basado en el paso de 24 imágenes -diferentes y consecutivas- por segundo de proyección. Este fue el hecho en el que se apoyó el principio cinematográfico para poder salir a la luz. Cabría entonces decir que la animación no sólo precedió a la invención del cine, sino que también sirvió a muchos investigadores a la mejora y perfección del futuro aparato. En la memoria de la historia quedan esas sombras animadas de Serafín de Caran d´Ache, el teatro óptico o las pantomimas luminosas del Pobre Pierrot, todos ellos espectáculos pensados por y para el público adulto y que serían el inicio de la animación. Pero fueron los Estados Unidos ¡cómo no!, quienes convirtieron los dibujos animados en el gran negocio que es hoy; en 1915 lanzaban a las pantallas Bobby Bump, héroe animado cuyo trazo estaba conseguido mediante una técnica nueva: pintura guash sobre hojas traslúcidas, el primer paso a la industrialización. Y desde entonces hasta hoy no se ha parado de inventar técnicas y superficies nuevas. Plastilina, barro, madera, dibujos por ordenador, 3d...

Pero volvamos a lo que nos interesaba, ¿cuál fue el hecho por el que la animación pasaría a ser un género casi exclusivo para niños?... Básicamente por la posibilidad de crear imágenes tan increíbles e irreales, que sólo respondían a la capacidad de ensoñación de la imaginativa y poderosa mente de un niño. Los dibujos animados daban - y dan - vida a historias maravillosas y divertidas, sólo aptas para miradas muy auténticas.

Películas como Srhek o el cine manga (cine de animación japonesa) han hecho que, tanto las grandes productoras como el público en general, dejaran de ver la animación como un género exclusivamente infantil. Desde entonces han sido muchas las ofertas para un público más generalizado, que está aprendiendo a reírse de sí mismo con historias tan inteligentes como Monstruos S.A.

En España todavía queda algún tiempo hasta que haya el suficiente caldo de cultivo para crear una conciencia "impúdica" que permita a los adultos ir a ver dibujos animados sin avergonzarse delante de sus amigos. Para que esto llegue a suceder, existen iniciativas tan interesantes como el Festival Animadrid, que inicia su tercer año de vida, y que promete ser uno de los festivales de animación europeos que con más firmeza abra el mercado a nuevas expectativas. Laura Olaizola, jefa de prensa del Festival, nos ha contado cómo fueron los inicios, en donde mucho amor al arte (nunca mejor dicho) fueron la única fuerza para sostener el proyecto. "Hace tres años nos juntamos un grupo de personas enamoradas del mundo de la animación... se generó un poco por curiosidad, por ver cómo reaccionaba el público, y la respuesta fue tan buena que se vio que ahí había un festival de cine muy interesante... Animadrid es una plataforma donde la gente pueda exponer sus producciones, un foro de debate en donde se puedan contrastar todos esos trabajos e ir creciendo poco a poco. Queremos que los estudiantes puedan hablar con gente profesional y orientar así su vida profesional..."

Con trabajos del mundo entero (India, Croacia, Brasil, Rusia, Estados Unidos), Animadrid ofertará del 9 al 15 de diciembre en Pozuelo de Alarcón, una estupenda programación de cortometrajes de altísima calidad. Ya fuera de competición, podremos disfrutar de secciones como la de "largometrajes españoles", con títulos como El rey de la granja, La leyenda del unicornio, ó Dragón Hill. Esta sección pretende fomentar la escasa producción española en este campo. Resulta chocante contrastar los datos de producción españoles con los de nuestra vecina Francia. En este caso, como en algunos otros, nos adelantan, aunque cueste mucho reconocerlo.

En cualquier caso, la animación es sin duda una alternativa al bajón creativo que está teniendo la ficción en España. Estoy segura de que descubriréis un mundo apasionante y excepcionalmente creativo. Sólo hace falta que las productoras apuesten por un género, sin duda mucho más caro, pero que posee un amplio abanico de público para recuperar la inversión. En definitiva, hacer cultura de la animación.

1. Un ciclo de Cartoons políticamente incorrectos.

2. Dos documentales, únicos en su especie, Cuando Hitler soñaba con Mickey y Ducktators, sobre la propaganda política durante la II Guerra Mundial.

3. Una exposición de dibujos de Antonio Mingote, de rabiosa actualidad.

4. Mesas redondas en las que podrás debatir con profesionales del sector, sobre un montón de cosas interesantes.

5. Una oportunidad, única e intransferible, de ver películas, que ya difícilmente pueden encontrarse en pantalla grande.

6. Multitud de cortometrajes del mundo entero, a cada cual más interesante, en todo tipo de técnicas (harina, cartón, plastilina, 3d, dibujo tradicional...)

7. Tener el gusto de inaugurar el Espacio Cultural Mira de Pozuelo, preparado exclusivamente para la ocasión.

8. Un autobús gratuito cada hora desde las 16:15 hasta las 22:15 (Cuesta de San Vicente)

Eva Latonda