Número 35, diciembre 2002

Se llama Antonio, como Banderas, y protagoniza cada día una película diferente, siempre en ambiente africano, con escenas de acción, conflictos generacionales, problemas juveniles, temática de colegio, religión y, cómo no, guerras de las de verdad, con golpes de estado, soldados, helicópteros y disparos. La única diferencia, es que el hombre con el que vamos a hablar, por lo pronto, se apellida Rieu y no se dedica al cine, se dedica a Dios. Su última película va de guerra con evacuación incluida. Este es el terrible e injusto motivo que le ha traído momentáneamente a España desde Costa de Marfil, y decimos momentáneamente, porque enseguida nos hemos dado cuenta de que Antonio tiene la cabeza a miles de kilómetros de la cafetería donde nos entrevistamos, que respira otro aire cargado de olores que nosotros no podemos percibir, y le llueve otra lluvia, espesa y caliente que le empapa hasta los huesos, mientras nosotros casi no nos mojamos. No es posible dividir el cuerpo en dos... pero la mente es otra historia, la suya está que arde, sólo piensa en volver para atender a sus alumnos, a sus profesores y empleados, a sus 14 bebés del hogar de acogida, a sus amigos.

Calibán.- ¿Crees realmente que la palabra misionero despierta interés?

Antonio Rieu.- Sí, sobre todo en los jóvenes. La misión es uno de esos pocos temas de la sociedad de hoy, que la juventud todavía mitifica. Les llama la atención y se sienten muy dispuestos a escuchar.

C.- Podría convertirse en un camino de vocaciones.

AR.- Desde que he llegado a España estoy hablando a muchos chavales y siempre insisto en eso, los misioneros necesitamos un relevo. Yo ya voy siendo mayor, tengo 62 años - que no aparenta en absoluto - y África gasta mucho. Los refuerzos nos llegan con cuentagotas y sin embargo es un mundo con necesidades enormes en el que faltan manos en todos los temas, educativos, sanitarios, de la mujer, culturales, de todo...

C.- ¿Cómo te hiciste misionero?

AR.- Fue toda una sorpresa. Yo pertenezco a los Hermanos Maristas, una congregación fundada en Francia, que actualmente existe en más de 60 países, nos dedicamos a la educación cristiana, esencialmente de niños y jóvenes, principalmente con colegios. En España, además tenemos Centros Universitarios en Alcalá, Salamanca, el País Vasco. En América hay grandes Universidades con más de 20.000 alumnos.

C.- Pero, también hacéis labor social.

AR.- Actualmente, tenemos muchos hermanos trabajando en comunidades de drogadictos y marginados, en determinadas zonas de Vallecas, Fuenlabrada... y en otras ciudades.

C.- Parece que estás al tanto de todo.

AR.- Bueno, de todo, de todo... es difícil estar, viviendo tan lejos.

C.- ¿En qué año te fuiste?

AR.- ¡Uf! En el 69 me fui a África, hace más años de los que tú tienes, ¡Ja, Ja! Hace mucho tiempo. He estado 25 años en el Congo, 3 en Ruanda, 1 en Kenia, 1 en Camerún y ahora llevo, o llevaba, 3 años en Costa de Marfil.

C.- Podía haber sido cualquier otro país o continente, pero fue África.

AR.- No sé exactamente qué pasó. En el 69 yo estaba estudiando en la universidad, en Roma, cuando nos reunieron de forma urgente, diciendo que hacían falta tres hermanos en El Congo para el mes siguiente. Fue muy inesperado, yo tuve unos segundos de duda... pero enseguida vi muy claro que Dios me pedía aquello. Esto ocurrió en agosto, yo dejé los estudios, arreglé los papeles y a finales de septiembre fui para allá. Fue providencial, desde entonces, mi vida es África.