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La producción artística está ligadísima al horizonte vital del artista. Así dicho suena a perogrullada, pero bueno. Si un pintor se duele de la pérdida de un amor, su pintura se teñirá de una lamentación, del color de las hojas del otoño; si el músico pierde en un accidente de tráfico a sus hijas su música no tiene, ni por asomo, tintes de aire nupcial; y si al arquitecto le arde una pasión inconmensurable por la vida, sus edificios tienen simetrías de danza y andan siempre en un tris de salirse de sus cimientos. Pero todavía más, si el artista no tiene un horizonte vital al que destinar su día a día, su obra se resentirá de oscuridad, desesperanza, desarraigo, muerte anunciada. Nada más ajeno a Balthus. Balthus es el pintor del misterio, de la búsqueda de la verdad... sin un paso más allá de lo real. |
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Una frase de Balthus para el cuaderno diario de todo artista en ciernes: "Hay que retrasarse para llegar". La contemplación de la realidad merece tomarse su tiempo, el ready made es un esputo a la creación artística. Detestaba la prisa de los pintores contemporáneos, porque su precipitación rechazaba de plano el principio artesanal que la pintura demanda. Detestaba esa exhibición de muchos pintores, su arrogancia de creerse creadores, sus inspiraciones espontáneas o impulsivas. "No se consigue nada sin ese lento movimiento del espíritu que es la humildad, la pobreza a la que debemos obligarnos". Tuvo como modelos a infinidad de niñas. Muchos críticos impertinentes han juzgado su obra pictórica con niñas como estupendos juegos eróticos, sin embargo, sus largas sesiones con ellas fueron apuestas del alma, porque ante todo se trataba de que el tiempo permitiera que saliera el alma, la dulzura del alma, la inocencia del espíritu de sus modelos. |
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"Pintar no es representar, sino penetrar. Ir al fondo del secreto. Ser capaz de sacar la imagen interior. De modo que el pintor también es un espejo. Refleja el espíritu, el rasgo de luz interior". Su profundidad la demostró desde muy pronto. Siendo todavía un crío, Rilke le regaló por Navidad unos pequeños volúmenes encuadernados de la Divina Comedia de Dante. Al terminar de leerlos dijo, "esto me eleva y me exalta". Con lo que quería decir que el arte tenía un poder espiritual de elevar y arrebatar literalmente, y que sólo se podía crear en estados de abandono espiritual. Un insatisfecho, así era Balthus. Nada le complacía si no era fruto de una profunda meditación, había que despojarse de la vulgaridad. Por eso había muchas repeticiones en sus cuadros, que para nada eran frutos de una obsesión compulsiva, sino respuestas, apoyos, lugares de paso para llegar al secreto de cada obra. Ojo a la frase: "Pintar es un estado de gracia. No entras impunemente en la pintura, tienes que ser digno de ella. Tienes que olvidarte de ti mismo. Limitarte a oír el ruido sordo, seco y suave a la vez del pincel en el lienzo tenso como un tambor, y darle luz". |
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Texto: Rafael Orozco |