Número 36, enero 2003


TITULO: Kandahar (Safar é Gandehar), DIRECTOR - GUIÓN - MONTAJE: Mohsen Makhnmalbaf, FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Gabbeh (1996), El silencio (1998) MÚSICA: Mohamad Reza Dervishi, INTÉRPRETES: Nilovfar Pazira (Nafas), Asan Tantari (Tabib Sahif), Sadou teymori (Kahk), PAÍS: Irán SINOPSIS: Kandahar es el nombre de una de las ciudades más importantes - por su situación territorial, por su numerosa población y por ser una de las ciudades santas - de Afganistán. A ella se dirige la protagonista de la película, Nafas, periodista refugiada en Canadá. Será el último intento por salvar la vida de su querida hermana pequeña, quien sufre, como dura secuela de la guerra, la pérdida de sus piernas. Ésta le ha comunicado por carta a Nafas, que se suicidará en el transcurso de tres días, momento que coincidirá con el último eclipse del siglo XX. Su viaje clandestino, se convierte así, en un viaje a la esperanza... una esperanza tan urgente como la paz... PREMIOS: Premio del Jurado Ecuménico y Medalla de Federico Fellini en el Festival de Cannes de 2001. Nominación a la mejor película no europea en los European Awards de 2002.

Las crónicas y los libros especializados, aseguran que esta película se estrenó en España cuando la ciudad santa afgana de Kandahar estaba a punto de ser liberada de la opresión del gobierno (habría que decir más bien dictadura) talibán. Resulta metafórica e irónica la coincidencia... El director iraní Moshen Makhlnmalbaf, demuestra, en esta su tercera película, una evolución artística y narrativa considerable. Tal vez sea por la entidad dramática de la historia, tal vez, por la lógica evolución y crecimiento del artista.

Inteligentemente, Makhlnmalbaf conserva ese curioso mundo de belleza y sencillez de sus anteriores trabajos, distinguiéndole y alejándole de la estética occidental. Pero en donde antes todo eran hermosos cuentos, y delicadas historias, ahora encontramos duros retazos de la realidad mundial, lo que en terminología goyesca podríamos llamar los desastres de la guerra... Miedo, hambrunas, lisiados y exiliados, enfermedades, vagabundos...

La joven y bella Nafas, que en afgano significa "respiración", no realiza el viaje sola. En su camino se verá ayudada por un afgano con cuatro esposas, un niño expulsado de una "madrasa" (escuela coránica), un médico afroamericano que busca a Dios ayudando a esas gentes, y un manco capaz de todo por conseguir unas piernas ortopédicas. El punto de vista que toma el director para contar la historia es el de la voz en off de Nafas que va contando en una grabadora todo el viaje, testimonio que dará a su hermana las razones para vivir. La protagonista irá desgranando uno a uno todos los motivos por los que una persona puede desear seguir viviendo, a pesar de las duras circunstancias que le rodeen. Este es el gran acierto del director, presentar un camino de esperanza, un proyecto que construir "Si los muros son altos, más alto es el cielo". Esta "cabeza negra" (así llaman los talibanes a las mujeres) nos enseña que "...las personas necesitan razones para vivir, y en algunos casos la esperanza es la razón. Para un hambriento es el pan, para un sediento el agua, para un solitario el amor... para una mujer que va tapada, el día en que puedan verla..." No se ahorra, sin embargo, duras escenas que reflejan la sinrazón de los regímenes totalitarios y fanáticos.

Texto: Eva Latonda