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DIRECCIÓN: Roman Polanski
INTÉRPRETES: Adrien Brody (Wladyslaw
Szpilman), Emilia Fox (Dorota), Michal Zebrowski (Jurek), Thomas Kretschamnn
(Capitán Hosenfeld)
"Sobreviví al gueto de Cracovia y al bombardeo de Varsovia, y quería recrear aquellos crueles eventos. Era muy importante para mí, la posibilidad de mantenerme lo más pegado a la realidad, así que evité a toda costa hacer una película que tuviera el tufo de Hollywood".
Esta es, la gran diferencia entre El pianista y La lista de Schindler, de la que muchos dicen que es heredera. Con ella, Roman Polanski ha conseguido realizar una de sus cintas más sobrias y ponderadas. Mientras El pianista es una película muy europea, La lista de Schindler es una película premeditadamente redonda, llena de dramatismo, metáforas, e imágenes esteticistas. Nos enfrentamos ante una película muy literal y literaria, y esto no sólo por estar basada en el libro autobiográfico de Wladyslaw Szpilman, sino por su propia estructura lineal. Polanski, sabe ceñirse a una historia, ya de por sí durísima, alejándose de sus propias obsesiones y fantasmas (la frustración, el pesimismo, la alineación social, lo absurdo...). Esto la favorece y eleva. Sin embargo, la película no deja de transmitir algunas de las muchas angustias del director; el personaje vive encerrado y termina convirtiéndose en un despojo, una rata humana (proceso muy conseguido por el actor Adrien Brody). No es una figura heroica, es un ser atrapado. Es el reflejo de lo vivido. Y es que, tanto Szpilman como Polanski, fueron supervivientes de la deportación judía. Ambos vivieron traumas similares. Tal vez haya sido esta la razón por la que el director francés, de origen polaco, se haya decidido por fin a rodar una película sobre el holocausto. Por todas estas razones, El pianista se convierte, además de en una estupenda película, en un auténtico y valioso documento histórico sobre la invasión alemana a Polonia.
Tiene dos partes claramente diferenciadas. La primera se dedica por entero a narrar cada uno de los pasos que se fueron dando desde la invasión alemana a Polonia, hasta la deportación al campo de concentración de Treblinka: los primeros decretos vejatorios, el indigno traslado al gueto, las humillaciones, el expolio, y todo ante la mirada atónita y pasiva del pueblo judío. La narración tiene un gran dramatismo, pero si la película se hubiera quedado ahí, poco hubiera aportado al subgénero. Sin embargo, en la segunda parte asistimos a la recreación de la supervivencia misma. Un hombre solo, aislado a la fuerza, totalmente dependiente de los demás, vulnerable e inerme, que se convierte en mero espectador de la barbarie. Es aquí donde la película adquiere toda su vigor y realismo. Es una pena que Polanski indague tanto en este sentido. ¿Hasta dónde es capaz de aguantar el ser humano?¿Cómo consigue sobrevivir a la soledad, al hambre, al frío? Prolonga en exceso el metraje cargando la mano en lo histórico, dando por sabido lo más desconocido; el interior del hombre. La película también adolece de una mayor profundización en la relación que surge entre el capitán nazi, que ayuda al pianista a sobrevivir en los últimos meses de guerra, lo que a mi juicio, le resta hondura antropológica.
Salvando estos dos "peros", El pianista es una película imprescindible para no hacer caer en el olvido la crueldad e injusticia de cualquier régimen totalitario.
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