Número 36, enero 2003

Todos los años llegan a las pantallas internacionales una o dos películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Si el año pasado fueron Hijos de un mismo Dios y La zona gris, este año nos llegan El pianista de Román Polansnki (de la cual hablamos en este número), y Amén, del director de origen griego, pero nacionalizado francés, Costa-Gavras. Tratándose del mismo tema, ambas se apartan bastante la una de la otra. Mientras la de Polanski se ajusta de manera casi literal a la dramática autobiografía que lo inspira - reflejando así un trozo de pura verdad sobre el horror de "la solución final"-, la otra retuerce la historia, alejándonos de los auténticos acontecimientos históricos que, pobremente, intenta reflejar. El por qué hay que buscarlo en el origen del guión de la película: la obra teatral El vicario, del dramaturgo protestante alemán Rolf Hochhuth. En ella, unos personajes esquemáticos e inverosímiles, ponían en tela de juicio y desprestigiaban la figura del Papa, acusándolo de antisemitismo y de apoyo a la causa nazi con su silencio. Esos mismos personajes - exceptuando el principal, Kurt Gerstein, de una gran hondura dramática -, son los que pululan por la cinta del director francés. La obra, y ahora la cinta, sugieren que la lucha contra el comunismo de Pío XII, le llevó a ver en Hitler un freno para la ideología de los rusos. El estreno de aquella obra causó un enorme revuelo en la opinión pública internacional del momento. Fue el comienzo de una leyenda negra en torno a la figura de Pío XII. Desde entonces, muchos han sido los libros sobre el tema. Unos en contra; otros, a favor de una figura tan compleja como el momento que le tocó vivir. Ahora Costa-Gavras, vuelve a cargar las tintas. Por ello, conviene repasar este capítulo de la historia para ver cuánto de verdad hay en su Amén.

Si Pío XII hubiera sido antisemita, entonces:

¿Por qué fue tildado de Papa pro judío por el Ministerio de Propaganda, dirigido por Joseph Göbels?

¿Por qué, antes de ser proclamado Papa, fue uno de los principales artífices de la encíclica Mit brennender Sorge, en la que se condenó enérgicamente el nazismo, y que fue prohibida en Alemania?

¿Por qué en septiembre de 1943 ofreció dinero de las arcas del Vaticano como rescate de judíos apresados por los nazis?

¿Por qué durante la ocupación alemana en Italia dio orden de esconder y alimentar a judíos tanto en el Vaticano, como en todas las iglesias y conventos del país?

¿Por qué sobrevivieron más judíos italianos que de cualquier otra nacionalidad?

¿Por qué en 1945 el Gran Rabino de Jerusalén Isaac Herzog envío una bendición especial "por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación"?

¿Por qué en 1958 la ministra israelí de Asuntos Exteriores, Golda Meir, pronunció un discurso elogiando al Papa ante las Naciones Unidas?

¿Por qué el mismísimo autor de El Vicario, Hochhuth, en un post scriptum a su obra, rectificó diciendo que el Vaticano sí ayudo a los judíos durante el Holocausto?

Ésa es la pregunta que queda en el aire. La respondo volviendo a las lecciones de la historia, ¿qué ocurrió en Holanda en 1942? ... Pues que la jerarquía católica de Ámsterdam, desoyendo las recomendaciones de las organizaciones humanitarias judías que aconsejaban el silencio, denunció la persecución. ¿El resultado? El recrudecimiento del mal trato a los judíos y el aumento de las deportaciones, así como el encarcelamiento de cientos de católicos, poniendo en manos de los nazis a los judíos que estos tenían escondidos... Entonces, ¿si Pío XII hubiera actuado públicamente, hubiera sido capaz de frenar a los alemanes? No se sabe a ciencia cierta, pero el capítulo holandés genera una duda mas que razonable. Personalmente creo que las "armas" del Vaticano no hubieran sido suficientes. Lo que sí resulta muy irónico es mirar las cifras; casi un total de 860.000 judíos salvados por Pío XII. Tres veces más de los que salvó Schindler. Pero vaya, parece que el Papa no se merece siete Oscars, sino la deshonra de la mentira .

A pesar de todo, el Papa Juan Pablo II pidió públicamente perdón por las omisiones que la Iglesia tuvo a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial, durante la preparación del jubileo del año 2000 en una purificación de la memoria. Ante el hecho, el mundo entero se calló... ¿Pero es que la cultura laicista no tiene nada por lo que pedir perdón? Organismos internacionales como la Cruz Roja, también se mantuvieron en silencio ante el holocausto, pero ¡claro!, nadie dice nada de la Cruz Roja, no por Dios... tan honorable y desinteresada institución... Los aliados, Roosevelt o Churchill, tenían la certeza de lo que estaba ocurriendo en los territorios ocupados por los alemanes, pero primaron los objetivos militares, frente a la salvación del pueblo judío... ¿Tampoco nadie dice nada al respecto? Y la misma actitud tomó el World Jewish Congress, que socorrió a las víctimas pero tampoco hizo declaraciones públicas de condena contra las atrocidades nazis porque, según ellos, habrían sido contraproducentes.

Me siento muy defraudada con nuestra cultura occidental que obvia su responsabilidad moral en ésta y en otras tantas cuestiones. El fenómeno cultural genera opiniones y valores que son admitidos como válidos por la gran mayoría de las personas que conforman tal o cual cultura. En algunos casos, dichas opiniones se han revelado, y con seguridad se revelarán, como erróneas. Por eso, a todos nos corresponde autoexaminarnos y aprender de nuestros errores...

Eva Latonda