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Janne Haaland estaba en Madrid para presentar su último libro "El amor escondido". Después de leerlo casi de un tirón, sentí un gran deseo por conocer a esta mujer con una trayectoria profesional y humana impactante. Aunque su primer amor fue la filosofía, no imaginaba su vida encerrada en una torre de marfil, por eso, sin abandonar los principios que aprendió de los clásicos, se convirtió en una experta en política internacional. Cuando en 1997 el Partido Demócrata Cristiano de Noruega llegó al poder, fue nombrada Secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, convirtiéndose en la primera mujer católica que ocupaba en Noruega un cargo de relevancia. Ha sido también comisionada de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa para los Balcanes, y en la actualidad es miembro del Consejo Pontificio "Justicia y Paz". Me esperaba sentada junto a su editor en una cafetería, tenía media hora para hablar con una mujer con la que me hubiera gustado charlar todo el día. Calibán.- ¿Cómo deberían las raíces de Europa - que usted ha estudiado seriamente - estar presentes en una futura Constitución europea?
C.- Sin embargo en los estados actuales mucha gente no se rige por la religión, y la esfera religiosa está ya claramente separada de la política. ¿Una mención como la que propone no confundiría las cosas? J.H.- Es fácil confundirse. Está claro que las sociedades europeas actuales son pluriculturales y plurirreligiosas, y eso debe ser respetado. Se trata de la pervivencia de la herencia cristiana, de sus valores, si se prefiere podemos llamarlos los valores de la ley natural, y éstos no son sólo cristianos. La cuestión no es decir que la sociedad sea cristiana, pero no se puede ignorar la herencia judeo-cristiana en la democracia. Hay una tendencia a separar el lado espiritual, yo he intentado en todas las negociaciones que he hecho para las Naciones Unidas y en mis trabajos en las delegaciones noruegas dejar siempre muy claro que el ser humano es material y espiritual. El debate tiene que tener en cuenta el papel del ser humano. C.- ¿Qué opinión tiene sobre la inclusión de Turquía en la Unión? J.H.- Está muy claro que el principal requisito para entrar en el concierto de los países europeos es el cumplimiento de los derechos humanos y del principio de democracia, y en este sentido, ningún estado que incumpla estos requisitos debería entrar. Y aquí nadie está haciendo una definición de lo que tiene que ser un estado europeo. No se trata de elucidar hasta qué nivel puede haber una ampliación: si hacia Rusia, hacia los Balcanes... Personalmente, creo que Turquía debería entrar cuando cumpla los requisitos que se le exigen, por ejemplo, el respeto de la libertad religiosa. No se trata de que los países tengan una única religión, sino de que las sociedades que vayan a pertenecer a Europa sean religiosamente abiertas; así, en Turquía la religión musulmana debería aceptar otras minorías religiosas. Finalmente, la Unión Europea se enfrenta ahora a una ampliación de diez países, y por tanto la cuestión turca debería debatirse dentro de unos años porque ahora hay mucho trabajo por hacer.
J.H.- Como yo soy especialista en seguridad policial, militar y de guerra, estuve frecuentemente en el Cáucaso y en los Balcanes como viceministra de Asuntos Exteriores. Tenía que ser muy tajante, y tener la fuerza que podría tener un hombre, había que ser capaz de decir "esto es un ultimátum". Para enfrentarse a los generales serbios, bosnios y de otras nacionalidades había que tener una gran firmeza, no se podía ser agradable o delicado. El primer encuentro entre los generales tuvo lugar en el año 1996-97, cuando Noruega y Alemania presidían la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa en los Balcanes, teníamos que hablar con ellos. Cuando se desmovilizaron los soldados trabajamos para establecer las líneas de los países, y los soldados y militares serbios tuvieron que irse. Fue muy peligroso y difícil que entendieran que tenían que irse de los territorios, pero hubo que hacerse con firmeza. Humanamente fue muy difícil decir "tú tienes que irte y reconocer estas líneas", pero era necesario. Durante todo este proceso he tenido que negociar con criminales de guerra, porque ellos eran los interlocutores, algunos de ellos están actualmente siendo juzgados en el Tribunal internacional de La Haya. C.- Usted es madre de cuatro hijos, ¿cómo ha podido compaginar su papel de madre con las fuertes exigencias de su trabajo en la política internacional? J.H.- Es casi imposible, constantemente sientes que tienes que estar en casa. Aunque mi marido, que es pediatra, es muy bueno con los niños, con frecuencia el cree que viajo demasiado, incluso ahora. La primera dificultad para las mujeres es mantener el trabajo y tener niños. El siguiente problema es cómo arreglarse cada día, con el trabajo en casa y fuera de casa, sin descuidar el tiempo para los niños. En España es especialmente difícil debido a los horarios. En Escandinavia solemos estar en casa a las cuatro o las cinco de la tarde. ¿Cómo se pueden tener niños en España con estos horarios? Pero el déficit de nacimientos es un problema serio, los políticos son concientes de que se necesitan los niños, pero no hacen nada para facilitarlo. Las mujeres no tienen suficiente fuerza aquí para hacer presión. En Noruega se promueve que los padres tengan un papel activo en la educación, y que la paternidad y la maternidad sean un ejercicio permanente. De todo esto hablo en un libro que se tradujo al español como "El tiempo de las mujeres". |