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Soy una venezolana madre de dos niños. Vivimos bajo un demagogo que pretende una masa homogénea, dúctil, simple y fácilmente excitable, por lo tanto manejable para lograr sus fines. Me siento impotente viendo cómo destruyen a mi país por querer vivir en democracia. Sin poderlo creer todavía, Caracas tiene una guerrilla urbana, que con la venia del gobierno atemoriza a los ciudadanos. Las fuerzas armadas tristemente ya no son nuestras, no son imparciales, ahora están para sacar adelante una revolución, no para defender la democracia ni las instituciones. El Ejército, en vez de combatir el contrabando, colapsar las acciones de la guerrilla o cuidar de nuestras fronteras, ataca a un pueblo de compatriotas desarmados, que con cacerolas vacías reclama democracia y libertad. Esa guerrilla está a favor del gobierno y protesta porque hay oposición.¿Y es que acaso no es normal que en democracia haya oposición?, ¿que todos opinemos como bien nos parezca y no tengamos que sufrir por eso atropellos? El propio presidente, si no le gusta la decisión de un juez o del tribunal supremo de justicia, se atreve a amenazar a las instituciones. ¿Es que su mandato esta por encima de las leyes? ¿Puede un presidente pedirle a un país que "no importa que no se tenga qué comer, no importa que no tengan con qué vestirse, lo que importa es defender la revolución"? Y encima dice que esos son los sacrificios de la revolución, ¡precisamente en un país donde los ingresos por petróleo, por las industrias del hierro y del aluminio son inmensos! Sólo con trabajo, educación y principios morales se construye y se mantiene un país, pero no sembrando desunión, odios y rencores. Definitivamente, esa "revolución de los pobres", como el presidente Chávez la denomina, nos esta haciendo a todos verdaderamente pobres.
Adriana Cárdenas de Azpúrua (Caracas)
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