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AMOR, AMORES
César Vidal
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Resulta tópico señalar que la palabra amor se ha devaluado extraordinariamente en nuestra sociedad. No resulta exagerado afirmar incluso que ha quedado reducida a formar parte de un cursi galicismo que equivale a mantener relaciones sexuales o a describir impulsos pasionales que, por regla general, son de escasa duración. Fue C. S. Lewis hace unas décadas el que señaló que, al menos, existen cuatro amores. Ciertamente uno de ellos está relacionado con la vivencia intersexual (eros) -aunque con un contenido de perdurabilidad, fidelidad y estabilidad que difícilmente casa con la prensa rosa- pero, a la vez, hay otros tres que van referidos a la relación familiar (storgué), a la amistad (filé) y a un conjunto de comportamientos tan profundos, desprendidos y generosos (ágape) que forman precisamente el núcleo del amor cristiano. A ellos, Pablo de Tarso -el hombre que dejó escrito un bellísimo himno al amor en el capítulo décimo tercero de la primera carta a los corintios- añadió un quinto, el amor a la verdad que puede salvarnos (2 Tesalonicenses 2, 10). Todos ellos arrancan -lo sepamos o no- de que Dios nos amó primero y sembró esa semilla en nosotros. Es precisamente cuando se tiene presente esa quíntuple naturaleza del amor contenida en el mensaje cristiano cuando se comprende que este mundo, por absurdo y desbarajustado que parezca, necesita imperiosamente del amor para subsistir. Lo necesita para mantener unida a la familia que es la célula básica de la sociedad, lo necesita para que las relaciones entre semejantes no sean una implacable carrera de ratas en la que cada uno busca su propio beneficio egoísta sino un compartir noblemente amistoso, lo necesita para que en el sexo se encuentre un compartir gozoso y duradero en lugar de un encuentro fortuito, lo necesita para que haya gente que esté dispuesta a perdonar y a confiar en los demás, a entregarse sin condiciones ni ansias de recompensas, a amar sin esperar nada a cambio. Son esos cinco amores, nacidos de la mano generosa de un Creador que es Amor, los que permiten que este universo no se colapse a cada instante y también los que dotan a nuestra existencia de un valor digno de ese nombre.
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