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BW.- ... El amor tiene muchos rostros, muchas facetas. El amor por un chico, el amor por una mujer... Si uno quiere a su mujer tanto como en la noche de bodas, si la quiere así cinco años después, eso es amor verdadero. Entonces ha conseguido lo más difícil, ya sabe: enamorarse y seguir enamorado.* La respuesta que buscaba Cameron Crowe, guionista y director de Jerry Maguire, para la última gran entrevista a Billy Wilder estaba respondida desde hacia más de medio siglo. El viejo vienés que nunca perdió su acento alemán, la ironía de sus palabras y, como dijo William Holden, un cerebro lleno de cuchillas de afeitar, definió el amor, el sexo, la pareja, el encuentro y el desencuentro, como ningún otro director lo ha hecho. Camaleónico como pocos, el amor en las películas de Wilder pasa casi inadvertido, camuflado muchas veces con humor, disfrazado de misterio o envuelto en ironía. Tal vez por eso su cine no haya pasado a la historia como un retrato del amor, porque nunca cae en el tópico, en lo cursi, en lo fácil. Pero sus películas son una especie de catálogo sobre las diferentes formas de amor, y de cómo éstas influyen en cada individuo. El amor lleva a Fred McMurray al asesinato del marido de su amante en Perdición, claro que también el dinero del seguro ayuda a decidirse, pero el triangulo que Wilder dibuja, penetra en la parte más oscura del ser humano para mostrar que la línea que separa al hombre común del asesino es tan delgada que un sólo paso es suficiente para cruzarla. También Wiliam Holden comienza en El crepúsculo de los dioses flotando boca abajo en la piscina de una mansión de Sunset Boulevar a causa del amor. Gloria Swanson acaba con él a no sentirse amada por el joven guionista, mientras que su ex marido, aún completamente enamorado, la sirve como mayordomo en una de las historias más oscuras y sórdidas sobre el mundo del cine. Pero Billy Wilder no siempre se muestra tan pesimista, y presenta la cara más amable del amor en Irma la dulce, cuando Jack Lemmon trabaja hasta el agotamiento en un mercado de París para convertirse en el único cliente de Irma, una prostituta de la que está enamorado, y que a su vez le ama, creando un divertido juego de amor-engaño-infidelidad. Aspecto que aborda en Bésame tonto, cuando la respetable mujer casada intercambia su rol, por una sola noche, con Kim Novak, añadiendo un lado al clásico triangulo amoroso y explorando sus cuatro caras del modo más tierno y elegante que se puede imaginar. Cuando el matrimonio lleva siete años de recorrido y Marilyn Monroe se cruza, es que La tentación vive arriba. La sarna de los siete años, titulo original de la cinta, es una especie de picor irrefrenable que afecta a los maridos pasado ese tiempo de matrimonio. Las piernas de Marilyn sobre la rejilla del metro de Nueva York le sirven de cebo a Wilder para poner a prueba el amor de cualquier matrimonio. Pero rectificar es de sabios, y más cuando se trata de amor. Audrey Hepburn está enamorada desde que era niña de William Holden en Sabrina, hasta que se da cuenta de que es el hermano de éste, Bogart, al que realmente ama. Pero la quintaesencia es El apartamento, donde el tipo de la calle se ve prisionero del amor que siente por una ascensorista de su empresa y las exigencias de su jefe para que le preste su apartamento como lugar de citas para sus conquistas. Quizá sea aquí donde Wilder muestra lo mejor de su repertorio y lo reúne para crear un fresco que, de tan cerca como lo tenemos en nuestra vida, pasa inadvertido. Los títulos del Maestro son tantos que se necesitaría un libro entero para analizar lo que supone el amor en sus películas. Berlín-Occidente, Un, dos, tres, En Bandeja de plata, Avanti!, Testigo de cargo, Fedora, Ariane, Con faldas y a lo loco, Aquí un amigo... son una prueba de que existen tantos tipos de amor como personas, algo que Billy Wilder comprendió y no se limitó a recurrir a estereotipos, los inventó todos. Gracias. * "Conversaciones con Billy Wilder". Cameron Crowe. Alianza Editorial LP 7012 José Cabanach |