Número 37, febrero 2003

DIRECCIÓN: Eduard Cortés
INTÉRPRETES: José Coronado, Adriana Ozores, Marta Etura, Roberto Álvarez.
PRODUCCIÓN: Enrique Cerezo PC y Pedro Costa PC

José Coronado está pasando una estupenda temporada. A su recién estrenada paternidad, se suma su próxima aparición por la pequeña pantalla en la serie televisiva Código fuego que protagonizará junto a Maribel Verdú. El éxito de la serie Periodistas le ayudó a afianzarse como actor y a participar en proyectos tan atractivos como La caja 507 de Enrique Urbizu, película en la que representa a un policía corrupto (¡qué alegría!, por fin el cine español tiene un malo creíble). Pues bien, Coronado trabaja ahora a las órdenes de Eduard Cortés, director catalán que se estrena en la pantalla grande. El trabajo de Eduard está nominado al Goya de Mejor dirección novel. Desde Calibán le deseo toda la suerte del mundo, porque se lo merece. En un registro totalmente distinto al de su anterior cinta, José Coronado representa a Emilio Barrero un, en apariencia, perfecto esposo y padre de familia. La vida parece sonreírle: disfruta de un estupendo trabajo, "en el Banco de España ¡nada menos!", dice su orgulloso padre; de una esposa que le quiere y admira; de un hijo que siente auténtica pasión por él; un bonito chalet en las afueras de Madrid... La película se vertebra en torno a la organización de la fiesta que le están organizando por su cuarenta cumpleaños. Familiares y amigos cuentan a la cámara todas las lindezas de Emilio porque le están preparando un vídeo sorpresa. Desde el comienzo, el director dota a la película de cierto suspense para hacernos intuir que algo extraño sucede, ¿quién es realmente Emilio Barrero? ¿Es verdad todo lo que cuentan de él?

Su vida gira en torno a la mentira y al engaño. La casa donde viven no es suya. Tampoco tiene trabajo. El dinero lo consigue mediante engaños y estafas... Pero un día, entre tanta insustancialidad, Emilio cree encontrar el resplandor de una verdad; el repentino amor que siente por una veinteañera, canguro de los hijos de unos amigos. Y a tanta mentira se le añade una más, la de la infidelidad. El frágil fulgor de ese amor da paso a la realidad de unos veinte años cargados de ambición y amor interesado. De manera que el quebradizo mundo de Emilio se rompe del todo. El film avanza firme y seguro, hacia el imprevisible final.

La vida de Emilio Barrero, esa Vida de nadie, es una lección. ¿Cuántas veces nuestras vidas se apoyan en falsos cimientos?: el dinero, el materialismo, el trabajo, "mareas negras" que precisan de una buena tabla de salvación.

Eva Latonda