Número 37, febrero 2003

Marisa Madieri
Editorial Minúscula

A la autora de esta maravillosa diadema de margaritas, humedades de bosque y pajarillos silvestres no le tiene por qué servir de agente literario su marido, Claudio Magris, uno de los intelectuales más preclaros de nuestro tiempo. No, porque las obras de la Madieri tienen ese peso blando de las hojas de otoño y una irresistible belleza que la consagran como una de las grandes de la literatura italiana. Murió en 1996 y dejó tras de sí una estela de piececitas mínimas, como de calzado de barby, llenas de honda humanidad. Como esas ranas-dardo de la selva tropical que parecen frágiles pero esconden uno de los venenos más mortíferos del planeta, así las novelas de Marisa Madieri ocultan bajo un velo infantil las definiciones más afortunadas del ser humano. El claro del bosque es un cuento, la historia de una margarita desde su más tierna infancia hasta su defunción. Lo que cuenta la flor se mueve siempre entre la sorpresa de su propia belleza y su indudable fragilidad. Evidentemente, tras el escenario del bosque se mueve un escenario antropológico. La margarita, Dafne, a pesar de la dureza de las desventuras que acaecen en el círculo de amistades que la rodean (como lluvias torrenciales, etc.) sabe que la vida es bella, que hay una formulación positiva sobre la vida, sobre todo lo que se mueve a su alrededor. A Dafne no le interesa la mirada del águila, inmensa en su posibilidad de abarcarlo todo, o la de las flores que están mejor situadas en los roquedales elevados, no, a ella le importan las cosas que se pueden admirar de cerca, porque para Dafne lo pequeño es lo valioso. Dafne es una margarita filósofa que se inquieta cuando le hablan de muerte, dolor, nacimiento, metamorfosis, amor. No entiende cómo su maestra le cuenta todas estas cosas como si nada ocurriera. Madieri, a través de su tierna protagonista, nos habla también del papel de la literatura, como el lugar de la verdad, "el reino de la verdad" como ella misma dice. Y así, a Dafne cuando le vienen ganas de contar sus experiencias personales dice que tiene que contarlo todo, lo bueno, lo malo, todo lo que es cierto, lo que pasa, lo que es auténtico, sin reservarse o manipular nada, pero siempre hay al fondo una mirada optimista. De ahí que Ernestina Pellegrini, en el posfacio de la obra, traiga a colación una apasionante cita de George Steiner en Pasión Intacta que dice: "lo trágico absoluto no sólo es insoportable para la sensibilidad humana: también es infiel a la vida". Y el final, ¡qué final, madre mía! No desvelaré nada pero... ¡buf!, ¿por qué no asaltas ya la primera librería a por El claro del bosque?

Dora Rivas