Número 38, Marzo 2003



Suena el despertador. Sólo cinco minutos más ¡por favor! 7.15 a.m: ¡Dios mío! voy fatal, ya pierdo el autobús.7.45: ¿Por qué me empeño todas las noches en pensar que con veinte minutos tengo bastante? Tardo mucho más. Mañana me levanto a las 7 en punto. Ahora a correr. 8.30 a.m: Por fin he llegado al trabajo, el metro estaba tan lleno que tengo la sensación de venir de la guerra, ya no me acuerdo ni de la ducha que me he dado... 17.00 a.m: ¡Qué cansancio! Y vaya día... qué ganas de llegar a casa para seguir haciendo cosas...

Y así minuto tras minuto y día tras día. Por eso, uno siente algo especial cuando no trabaja los fines de semana, y llegan las tres de la tarde del viernes. ¡Por fin tiempo libre! ¿Qué aventuras deparará este fin de semana? ¿Qué haré?

La situación no siempre es tan apetitosa una vez vivida como cuando se sueña desde el jueves, ¿o no? Seamos sinceros, muchos fines de semana se pasan tan rápido y tan llenos de otras "obligaciones" que no son tan espectaculares como nos los pintábamos. (Esto mismo se puede aplicar a los días de diario, ya que el cambio de actividad, el ocio y el disfrute no tiene porqué ocupar únicamente los días estrictamente permitidos). El problema surge en muchas ocasiones porque aunque siempre tenemos tantas ganas de hacer "tantas cosas" cuando llega el momento de la verdad ¡no tenemos ni idea de lo qué podemos hacer!

Un buen plan es tomar algo con amigos y disfrutar de un espectáculo. Porque no siempre ver teatro requiere acudir a un lugar de renombre en el que debemos sacar las entradas con mucha antelación. El espectáculo está a nivel de la gente, en la calle (casi) en muchos locales madrileños.

¿UNA BUENA COMBINACIÓN?

Sin ninguna duda. Es cierto que el teatro o cualquier espectáculo requiere un ritual casi religioso: el espacio escénico donde se va a representar, un espectáculo realizado por profesionales, un público y un momento en el que todos entramos en el juego del arte. Ese acuerdo tácito entre las dos partes, artistas y público es uno de los pactos más antiguos de la humanidad. Sólo con eso ya hay espectáculo. El lugar se crea de una manera casi virtual.

Pero no por no realizar el espectáculo en un local teatral propiamente dicho, se pierde esta situación. De hecho en muchas ocasiones, cuando el público está más cerca del actor siente de una manera más viva, casi participativa.

Así surge el café-teatro.

En un local, habitualmente un café, una zona se prepara (en mayor o menor medida: con o sin escenario, con luces especiales o no) para que "suceda el espectáculo". El público se va sentando muy cerca de esta zona sagrada con su consumición y en grupos más o menos numerosos de amigos. Una vez que empieza "la acción", puede pasar cualquier cosa.

La improvisación está más cerca que en los espectáculos de los teatros habituales porque el contacto del público con el actor es mucho más fuerte en estas circunstancias. Las miradas, las risas, los pequeños comentarios, etc., influyen de una manera directa sobre el artista y éste desde su interpretación lo devuelve, por lo que se crea un vínculo directo, casi mágico.

SER O NO SER

Ésa es la cuestión. Probablemente no vayamos a asistir en un café teatro a una interpretación ortodoxa y clásica de Hamlet o de El Alcalde de Zalamea, o quizás sí, pero no es lo más frecuente. Desde hace décadas han aparecido espectáculos especializados para estos locales: los humoristas, los monólogos, los cuentos, obras teatrales cortas... En la actualidad es frecuente encontrar a artistas consagrados realizando funciones en locales de las grandes urbes, probablemente para estar más cerca del público.

¿DÓNDE?

Donde los haya. Actualmente en Madrid se hacen muchas representaciones de este estilo en numerosos locales. Os vais a quedar sorprendidos cuando veáis los montajes que hay.

Dentro de los más conocidos:

  • Rochela: En la calle Manuela Malasaña el grupo de Narradores Orales Escénicos dirigido por Francisco Garzón Céspedes, cuenta historias fascinantes de esas que te dejan pesando y que incluso, te ayudan a dar pequeños pasos en tu vida. El local es muy agradable y sobre todo, tiene una cocina excelente. Todos los miércoles a las 21.30 horas.
  • Galileo Galilei: En la calle, Galileo es uno de los locales más míticos de la capital. Allí podréis ver a muchos artistas consagrados realizando sus espectáculos.
  • Escueto: Como su propio nombre indica, es un local muy pequeño, pero donde se realizan unos espectáculos de verdadero lujo. Está en la calle Barco, 34.
  • La Flauta Mágica: Un entorno mágico para disfrutar de todo tipo de actuaciones. C/ Alcántara nº 49.
  • Garibaldi Café: En la calle San Felipe Neri, 4. El lugar de acogida del famoso Club de la Comedia.



El famoso actor Jim Carrey comenzó su carrera artística en locales de actuaciones en EE.UU. Obtuvo mucho éxito gracias a su humor y a su capacidad de caracterizar personaje y situaciones únicamente cambiando el gesto de la cara. Tiene una facilidad asombrosa para esto. Si podéis ver algún video de una de sus actuaciones os lo recomiendo.

Woody Allen comenzó escribiendo guiones y actuando en pequeños locales de su Nueva York del alma. Hoy en día sigua actuando todos los jueves, pero tocando el clarinete.