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DIRECCIÓN: Aki Kaurismaki
Paradójicamente, la sencillez de la película es su mayor acierto pero su principal obstáculo. Estamos tan acostumbrados a imágenes agresivas (y no sólo me refiero a la violencia en el cine, sino al concepto estético de imágenes intencionadamente provocadoras), a ritmos acelerados y a guiones directos, que muchos no van a ser capaces de descubrir la belleza que hay en Un hombre sin pasado. Y es que la cinta, está realizada para un espectador inteligente, que sepa contemplar el cine en toda su dimensión, que crea que es un medio para conocerse mejor a uno mismo y al mundo que le rodea. Todo esto lo consigue Aki Kaurismaki sin convertir su trabajo en un ladrillo soporífero: el sentido del humor es sutil, los diálogos resultan ingeniosos y la realización es precisa y ponderada, lo que aseguran su habilidad de entretener.
La película es cine en estado puro. Cuenta la llegada de un hombre a Helsinki. En un fortuito encuentro callejero, es golpeado casi hasta la muerte, por una banda de maleantes. Como consecuencia de la paliza el hombre pierde la memoria y tiene que reconstruir su vida entre los más marginales de la ciudad. Allí no sólo encuentra su verdadero yo, sino también el amor, la amistad y el compañerismo. Es una película de segundas oportunidades llena de humanidad y respeto por los más pobres, a los que no pinta como menesterosos por los que sentir lástima o rechazo, sino como hombres y mujeres con sus problemas y sus sueños, las mismas inquietudes e ilusiones que cualquiera de nosotros, con la misma dignidad. Por eso no sorprende la respuesta que el director realizó en un famoso diario finlandés a la pregunta de "¿Cuál es el sentido de la vida?": "Adquirir una moralidad que respete la naturaleza y al hombre y luego, seguirla". |
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Eva Latonda |