Número 38, Marzo 2003

DIRECCIÓN: Aki Kaurismaki
INTÉRPRETES: Markku Peltola (El hombre sin pasado), Kati Outinen (Irma), Annikki Tähti (jefa de mercadillo), Marko Haavisto & Poutahaukat (La banda del Ejército de Salvación), Tähti (Hannibal "el perro")
TÍTULO ORIGINAL: Mies vailla menneisyyttä, NACIONALIDAD: Finlandia

Un hombre sin pasado tiene esa capacidad, extraña por escasa, de envolver, de crear una atmósfera de ingenuidad que llena de frescura la sala durante su metraje. Viéndola creí sentir, por un momento, que era la primera película que veía en mi vida. Imagino que tuve la misma sensación de quienes frecuentaban los cines allá por los 30 o los 40, cuando la industria todavía tenía todo por descubrir y el público y las historias que se contaban no estaban tan maleadas.

Paradójicamente, la sencillez de la película es su mayor acierto pero su principal obstáculo. Estamos tan acostumbrados a imágenes agresivas (y no sólo me refiero a la violencia en el cine, sino al concepto estético de imágenes intencionadamente provocadoras), a ritmos acelerados y a guiones directos, que muchos no van a ser capaces de descubrir la belleza que hay en Un hombre sin pasado. Y es que la cinta, está realizada para un espectador inteligente, que sepa contemplar el cine en toda su dimensión, que crea que es un medio para conocerse mejor a uno mismo y al mundo que le rodea. Todo esto lo consigue Aki Kaurismaki sin convertir su trabajo en un ladrillo soporífero: el sentido del humor es sutil, los diálogos resultan ingeniosos y la realización es precisa y ponderada, lo que aseguran su habilidad de entretener.

El director ya había sorprendido al cine europeo con Nubes pasajeras, en 1996, impresionante trabajo sobre el desempleo (más interesante, antropológicamente hablando, que la española Los lunes al sol), y con Juha, en 1998. Ambas reflejan ese estilo particular y reconocible del finlandés; austero y algo frío aunque con un profundo sentido del humor, basado en las imágenes mas que en los diálogos, y por lo tanto con un gran mimo y cuidado por personajes y actores. Además de esto, le distingue una mirada realista con la sociedad y esperanzadora con el hombre.

La película es cine en estado puro. Cuenta la llegada de un hombre a Helsinki. En un fortuito encuentro callejero, es golpeado casi hasta la muerte, por una banda de maleantes. Como consecuencia de la paliza el hombre pierde la memoria y tiene que reconstruir su vida entre los más marginales de la ciudad. Allí no sólo encuentra su verdadero yo, sino también el amor, la amistad y el compañerismo. Es una película de segundas oportunidades llena de humanidad y respeto por los más pobres, a los que no pinta como menesterosos por los que sentir lástima o rechazo, sino como hombres y mujeres con sus problemas y sus sueños, las mismas inquietudes e ilusiones que cualquiera de nosotros, con la misma dignidad. Por eso no sorprende la respuesta que el director realizó en un famoso diario finlandés a la pregunta de "¿Cuál es el sentido de la vida?": "Adquirir una moralidad que respete la naturaleza y al hombre y luego, seguirla".

Eva Latonda