Número 38, Marzo 2003

Robert Walser
Editorial Siruela

DICE GEORGE STEINER, UNO DE LOS MEJORES críticos literarios de nuestro tiempo, que el parentesco entre la práctica de la filosofía y la literatura es enorme. Steiner da mucha importancia a la verdad literaria ya que la lectura de toda novela (siempre que ésta tenga la calidad suficiente) conduce al lector a buscar un significado para su vida, y lo hace con un tono accesible, sin elevación ni solemnidad, con una voz anárquica pero inmensamente humana. El paseo es la narración de un paseo. No es más que eso. El autor se levanta una mañana soleada, una de esas mañanas que invitan a descubrir por vez primer todo lo que uno ha teñido de cotidianidad, y va contando sin prisa lo que aparece ante sus ojos: el juego inesperado y siempre improvisado de los chiquillos, las mezquindades de las disputas humanas, la poderosísima belleza de la naturaleza... Y lo hace con un despliegue de vanguardia estilística inusitado. Walser maneja las palabras con una facilidad envidiable, describe el mundo exterior como si alcanzara a tocarlo, lo calibra y lo mima con su talento. El paseo finaliza con el crepúsculo y con una inquietante pesadumbre en el corazón del protagonista, que se ve asaltado literalmente por una súbita depresión. Desde la primerísima hora, en la que el caminante salía con la esperanza dibujada en su rostro hasta la hora en la que la noche empieza a cubrirlo todo con su dureza, el relato es un bello despliegue de lo que es la vida humana desde la mirada exigente de un hombre que no se conforma con vivir sino con preguntarse por todo lo que vive. A la pregunta de Paul Válery, "¿es necesario plantearse todas las preguntas?", Walser responde en El paseo con un sí inmenso, con un sí rotundo como el pan.

El autor alemán nos dice que la naturaleza es un mosaico de belleza que provoca una sensación de gratitud inmensa, "nuestra hermosa Tierra", dice. Y cuando entra en el bosque comenta, "me sentí como si alguien me llamara amoroso por mi nombre o como si alguien me besara o consolara. Tenía ante mí toda la riqueza de la Tierra, y sin embargo tan sólo miraba hacia lo más pequeño y más humilde". El mundo es bello no como en Italo Calvino o en Imre Kertész, donde el mundo siempre está provocando para que se le insulte. A pesar de la fuente de inspiración que supone la belleza del mundo, para Walser esa belleza se agota, porque la naturaleza no es Dios, la belleza que vemos tiene una vida fugaz, aquí no podemos encontrar la plenitud que ansía nuestro corazón. Como digo, la filosofía y la narrativa se dan la mano. Un paseo que es toda una experiencia.

Dora Rivas