De entre las frases hechas, hay pocas tan estúpidas como ésa que pregona que una imagen vale más que mil palabras: ¿qué imagen?, ¿mil palabras de quién?... ¿Acaso vale más una imagen de Arnold Swarzenneger que mil palabras de Borges...?, incluso: ¿acaso valen más mil imágenes de Jean-Claude Van Damme que una sola palabra de Borges?... La inexiste
nte guerra entre las palabras y las imágenes (ambas poseen armas de destrucción masiva, y para comprobarlo vale un vistazo a cualquier hora y a cualquier televisión) le sirvió al cine, en sus principios, para desarrollarse mudamente: de las mil leguas que lleva recorridas el lenguaje del cine, al menos ochocientas las surcó silenciosamente en las aguas del mudo durante sus primeras tres décadas a lomos de cineastas como Murnau (¿quién no ha copiado el claroscuro de Murnau?), Griffith (¿quién no se apoyó en alguna pata de la mesa Griffith?), Chaplin (¿hay algo después de Chaplin?), Eisenstein (¿hay algo antes de Eisenstein?)... Sí, hay algo en el gran cine, en ése que se te acomoda dentro como una mano a un guante de fregar, que es exactamente idéntico a la gran literatura: tú estás en una butaca, tan solo como una gárgola del esquinazo sur de Notre Dame, y ese algo de la página o de la pantalla te atraviesa y te deja clavado e inmóvil y jadeante contra el respaldo de esa butaca, como un guardia real inglés contra su garita. Imágenes... Palabras... ¿De qué hablamos?... Un soneto de Garcilaso contiene más imágenes que toda la filmografía del noventa por ciento de los directores. Y una secuencia de Dreyer contiene más literatura que todo el último tercio del siglo XX español. Un quiebro de Quevedo, un latigazo de Valle, un primer plano de Keaton, un vuelo lorquiano, una digresión de Groucho, un pellizco de Billy Wilder, un hilo mental de Bertrand Russell... El cine es, de acuerdo, el arte del siglo XX pero sólo si se lee con pasión décimonónica... El cine es "Tener y no tener", un envasado perfecto de adaptaciones, desde el autor de la novela (Hemingway), hasta el guionista (Faulkner), el director (Howard Hawks), los protagonistas (Humphrey Bogart y Lauren Bacall), los secundarios (Walter Brenan)... Y la literatura es también algo parecido, aquello que escribe Hemingway y que es capaz de instalarse entre los labios de Lauren Bacall en forma de pitillo Y luego está lo otro: el cine que se puede ver a diario en las mejores salas y cadenas, y la literatura que ocupa los lugares predilectos de las grandes estanterías. Que no sabe uno qué hacer primero, si tirar de la cadena o vomitar.