Número 39, Abril 2003

TITULO ORIGINAL: My life without me
DIRECCIÓN: Isabel Coixet
INTÉRPRETES: Sarah Polley (Ann), Sott Speedman (Don), Amanda Plummer (Laurie), Leonor Watling (Ann la vecina), Deborah Harry (madre de Ann), María de Medeiros (la peluquera), Mark Ruffalo (Lee).

Ann tiene 23 años, trabaja como mujer de la limpieza en una Universidad en la que no podrá estudiar por escasearle el dinero. Vive en una caravana, en el patio de atrás de la casa de su madre, con la que no termina de entenderse bien. A su padre hace años que no lo ve, porque está en la cárcel. Ann tiene todas las papeletas para sentirse infeliz, pero no es así. Su vida está repleta de luz. Su esposo Don y sus dos preciosas hijas, le llenan por completo. Pero un desafortunado día se entera de que tiene un tumor maligno y que le quedan dos meses de vida. Decide entonces hacer una lista de todas las cosas que le quedan por hacer antes de morir, y se pone manos a la obra.

Mi vida sin mí, no es la clásica película de lágrima fácil y sentimientos a flor de piel. La directora catalana Isabel Coixet, ha huido de toda sensiblería barata y ha construido un cuadro muy optimista en torno a lo que, para cualquier otra persona, significa la muerte. Sin pretender dar respuesta a la difícil pregunta "¿qué hay después de la muerte?", el tono claramente vitalista de la película deja paso a una visión, si no trascendente, por lo menos optimista del ser humano y de su capacidad de entrega y de superación.

La protagonista, en un acto de amor, heroico y generoso, decide no contarle a nadie que va a morir, porque no quiere amargarles la vida. En el corto espacio de tiempo que le queda, irá atando los cabos sueltos de su familia, para que todo quede en su sitio el día de su marcha. Realiza una lista: "decirle a mi madre que la quiero, ir a ver a mi padre, buscar una madre para las niñas y una esposa para Don, dejarles mensajes de felicitación de cumpleaños a mis hijas hasta que cumplan sus dieciocho años..." La secuencia de las grabaciones a sus hijas es, precisamente, una de las más conmovedoras y bellas de la película. Resulta complicado no caer en el melodrama, pero Coixet consigue sostener la secuencia - y la película entera -, gracias no sólo a los bellos diálogos, sino a esa estética tan peculiar que tiene la directora. Una forma de hacer cine entre lo clásico y lo moderno, con aires del mundo de la publicidad, campo en el que la directora es toda una experta.

Sorprende, sin embrago, una de las líneas argumentales que toma la película, pues Ann quiere experimentar acostarse con otro hombre que no sea Don. Quiere vivir el proceso de flirteo que su prematura maternidad y matrimonio cortó. Lo que no resulta coherente en un personaje tan sincero y sensible es hasta dónde hace llegar la directora esa relación. Hubiera bastado un apunte de su inquietud. La excesiva prolongación de esa trama, resulta superficial y rompe el tono de la película ¿Se habrá dejado llevar Isabel Coixet por la introducción comercial del sexo a cualquier precio?

Eva Latonda