Número 39, Abril 2003

Philip Noyce acaba de estrenar Un americano Impasible, basada en la novela de Graham Green sobre el inicio de la Guerra de Vietnam. En un ambiente en el que no se para de hablar sobre el conflicto irakí, resulta muy curiosa la adaptación de esta novela que preconiza como ninguna los desastres que se pueden provocar con una política exterior demasiado intervencionista. Hablamos con el director y la protagonista de la película y nos contaron un montón de cosas interesantes...

Calibán.- Una película sobre el inicio de la guerra de Vietnam hecha por un australiano, extraña elección, ¿no?

Philip Noyce.- Pues verás, como los americanos, Australia también estuvo en Vietnam. Había una lotería; si salía el día de tu cumpleaños, te reclutaban. Yo tuve suerte porque ni a mí, ni a ninguno de mis hermanos nos tocó. En cambio, los vecinos de al lado, si tuvieron que ir. Cuando volvieron, nos contaron lo que realmente estaba ocurriendo. La nación entera se desencantó y el largo gobierno conservador cayó. De la noche a la mañana llegaron los socialistas. A los tres meses retiraron todas las tropas y restituyeron la embajada en Hanoi. De manera que nos hicimos las misma preguntas que los americanos se hicieron. No es tan extraña la elección.

C.- ¿Y por qué El americano impasible de Graham Green?

PN.- Cuando leí la novela había pasado muy poco tiempo de todo aquello. Esto contribuyó a que mis dudas y mis preguntas sobre el sentido de la guerra aumentaran. En 1995 acudí a Hanoi para asistir a un Congreso de excombatientes. Pensé que podía proporcionarme material para una película. Allí me enteré de que en 1945, un grupo de jóvenes idealistas norteamericanos, precursores de lo que luego fue la CIA, entró en paracaídas en Vietnam. Su objetivo fue respaldar a un soldado vietnamita muy popular, Ho Chi Min, apoyándole con armas y con entrenamiento militar. Ocho semanas después, éste, entró en Hanoi y proclamó la independencia de Vietnam. La guerra había comenzado. Todos los asistentes estaban llenos de remordimientos pues se sentían responsables por los miles de muertos que ocasionó el dictador y el conflicto en sí. Unos días después, estando todavía allí, me encontraba una tarde muy aburrido. Fui a un museo y compré lo que pensaba que era un libro de poesía. Cuando llegué al hotel, descubrí que me habían dado El americano impasible y me di cuenta de que Greene, estaba hablando de todo aquello. No podía ser una simple coincidencia.

C.- ¿Fue muy difícil la adaptación al cine?

PN.- Muy difícil. No se si has leído la novela. En ella todo está contado en primera persona por Fowler, el personaje que interpreta Michael Caine. Él es el único de carne y hueso. Los demás son símbolos para transmitir el mensaje. En la novela, Phuong y Pyle son una alegoría. Ella es Vietnam y él es América. La relación amorosa es una excusa para contar un conflicto. En la película esto no podía ser así. Necesitaba unos personajes más redondos y tangibles. Pero sobre los personajes te puede hablar también Do Thi.

Do Thi.- Sí siento lo que dice Philip. Mi personaje es la representación de Vietnam. Un país acogedor pero incomprendido. Aunque yo de política no sé demasiado. Soy muy joven y todo aquello no lo viví. Prefiero hablar del futuro, que es más positivo.

C.- Do Thi, ésta es tu primera película como protagonista, ¿cómo ha sido la experiencia?

DT.- Comencé como bailarina. No como mi personaje, sino danza tradicional vietnamita. Poco a poco comenzaron a llamarme directores vietnamitas. Philip me ha dado la oportunidad de enfrentarme a un papel increíble y no pienso desaprovechar la ocasión. Me siento muy bien en el mundo de la interpretación y, además, mi marido también es actor, eso me hace sentirme más segura.

C.- Hablando de seguridad, ¿cree que el 11 de septiembre ha cambiado la mentalidad de la opinión pública norteamericana con respecto a su política exterior, disparando la obsesión por la seguridad?

PN.- La crisis política del 11 de septiembre ha dado lugar a una situación donde la sociedad no acepta determinados hechos y en la que existe el miedo. Desgraciadamente, Graham Greene ha hecho un tratado que sigue vigente y que es un repaso sobre la política extranjera que afecta en especial al pasado, al presente y sin duda, al futuro de Estados Unidos. Deberíamos tomarlo de ejemplo para no repetir los mismo errores, pero creo que es un tema muy difícil, sobre todo teniendo en cuenta la situación actual con Irak. Desgraciadamente todo es demasiado parecido.

C.- ¿Cómo está Vietnam hoy?

PN.- La primera vez que fui a Vietnam en el 95 venía de una Rusia caótica. Vi a los vietnamitas mucho más organizados. Ahora dudo de la necesidad de la revolución comunista. Probablemente el colonialismo hubiera caído por su propio peso y Francia hubiera dado la independencia a Vietnam sin tener que derramar tanta sangre. La secuela de aquello es que hoy en día, una ciudad como Hanoi, se ve plagada de heroína y de sexo. Tampoco sabemos cómo hubieran sido las cosas sin la igualdad económica que trajo consigo la revolución. Ha habido buenos y malos resultados. Lo que desde luego ya sabemos es que el comunismo es muy ineficaz a la hora de mantener una economía, pero entre el comunismo y el colonialismo, prefiero lo primero. Siempre es mejor ser esclavo de los tuyos propios que ser esclavo de los de fuera, ¿no? Es una pregunta muy compleja. Pero al país le va mucho mejor que a Rusia, eso desde luego, hay más libertad.

DT.- Me siento muy orgullosa de mi país. Quiero intentar con mi trabajo ser el reflejo de la mujer vietnamita, que no sólo es hermosa, sino luchadora y muy sacrificada.

C.- Philip, ¿está cansado de Hollywood?

PN.- En Hollywood dirigir es como hacer salchichas. El cine es arte, y para mí el arte es otra cosa. Esto ha sido como un antídoto a todas las grandes producciones y me ha servido de auténtica terapia, de hecho estoy en pleno proyecto de otra película también muy independiente, sin estrellas rutilantes, ni grandes presupuestos. Reconozco que me había convertido en un director a sueldo y estaba cansado de hacer las películas de los demás, quería hacer mi propio proyecto y esto es mío. De todas formas, pienso que en el fondo todo el mundo está un poco harto de Hollywood. Yo lo que quiero es establecer un diálogo con el espectador y conseguir una relación dinámica donde el cineasta anime a las personas a sentir y pensar. Y eso no lo puedo hacer en Hollywood.

Texto: Eva Latonda