Número 39, Abril 2003

Lou Reed acaba de editar un nuevo disco en el que, en su línea, ha hecho lo que más le apetecía, sin miramientos. O sea, lo que le ha salido de las narices. Lo mismo que parece hacer desde que tiene uso de razón, y si no que se lo cuenten a sus padres.

Su escandaloso pasado figura en todos y cada uno de los artículos que he podido reunir. En algunos casos con pelos y señales. Casi siempre seguidos de los halagos y admiraciones a su trabajo en aquellos y en estos años. En todos ellos notas ese pensamiento subliminal y absurdo que consiste en creer que fue su forma de vida destructiva la que le llevó a ser lo que es hoy. Parece que la misma mierda que removemos escandalizados, es la pócima mágica que le convierte en genio de la música y la poesía. Genio, lo es, no hay duda, pero, ¿no resulta extremadamente simple, reducirlo a un estado de divina creatividad producido por las drogas, el sexo y el rock´nroll?

Vamos, no será la primera vez que oigo aquello de: es que compuso sus mejores temas, a base de LSD. Será posible que aún nos creamos esa estupidez, es como la de que los porros son mejores que el tabaco... (información detallada en la Unidad de Neurología del Gregorio Marañón).

Deberíamos pensar que hay genios que por su extrema genialidad, talento, inteligencia o lo que sea, no saben adaptarse a la vida, por eso algunos necesitan destruirse para volver a montarse poco apoco, pieza a pieza. Los hay que no lo consiguen jamás y se convierten en seres amargados e insatisfechos... los hay que mueren en el intento, los hay que sobreviven y entonces toman conciencia del tiempo perdido y deciden no volver a desperdiciar ni un solo minuto. Este último es el caso de Lou Reed.

Para no desaprovechar el tiempo, lo mejor es ir en línea recta a la meta. Lou se puede permitir hacer lo que le apetezca contando con el apoyo de numerosos amigos y compañeros. Y eso es lo que ha hecho con The Raven.

No todos saben que fue a la Universidad a estudiar Literatura Inglesa y que odió todo aquello con la misma intensidad con la que, por aquel entonces debía odiar la vida. Lo único que le mereció la pena fue uno de sus profesores al que Lou consideraba un gran poeta: "Desde los 14 años he estado tocando en grupos, pero nunca he abandonado la escritura. Delmore Schartz y Andy Warhol fueron una gran influencia. Y todavía formo parte del Proyecto St. Mark, que dio y da a mucha gente joven la oportunidad de formarse y leer todo lo que escribían, que en mi caso eran las letras de las canciones que yo presentaba como literatura".

Desde luego Reed no se caracteriza por una magnífica voz, pero se las arregla divinamente para decir lo que piensa y siente. Así que cuando hace poco redescubrió el obsesivo mundo de Poe, lo retomó con entusiasmo y decidió hacer este disco: "Todas las ideas que tengo sobre sonido , mezclas, escritura, ritmo y rima, están contenidas aquí. Es la culminación de todo aquello en lo que he venido trabajando tiempo atrás, menos la fotografía". "Entré verdaderamente en el mundo del poeta cuando participé en una celebración del día de Todos Los Santos en la iglesia de St. Anne, recité "The Tell-Tale Heart" y logré entenderlo de una forma completamente distinta".

Yo no sé si el espíritu de Poe impregna la grabación, pero desde luego es un experiencia auditiva y literaria de gran calibre, en la que te sientes seguro caminando de la mano con Reed y la poesía. Es maravilloso el poema leído por Willem Dafoe, tanta fuerza en el sonido de una voz, (y eso que ni siquiera entiendo lo que dice con mi inglés coloquial). O la sorprendente y excitante Broadway Song que canta, pero que muy bien, el actor Steve Buscemi (Fargo, La Zona Gris), el saxo de Ornette Coleman, la Hop Frog de David Bowie, Laurie Anderson y la cellista Jane Scarpantoni... entre otros, forman y comforman la unión entre dos mundos paralelos en dos siglos diferentes: "Poe escribió en el siglo XIX, un ensayo titulado "The Imp of The Perverse", en el que se preguntaba por qué nos sentimos atraídos hacia cosas que sabemos que nos dañan. Ese es el tema que recorre toda la obra de Poe. Y yo me siento muy identificado con eso".

Desde luego parece un pensamiento hecho para el Reed de hace años y para los tiempos que corren... aunque creo que a todos, incluidos Poe y Reed, nos gustaría creer que esa obsesión, sólo afecta a algun tipo de gente, y que en el mundo puede que en un futuro reine la coherencia, la lógica y por supuesto, el amor a los demás... y a uno mismo. Suerte que Lou Reed ha aprendido a amarse, así los demás podemos disfrutarle.

Texto: Maru García Ochoa