Número 39, Abril 2003

Que Naipaul es un monstruo de las letras, nadie lo niega. Que es uno de los escritores vivos en lengua inglesa más interesantes, es irrefutable. Si alguien se ha hecho merecedor del Nobel con toda justicia desde luego ha sido él. Prueba de su talento es su reciente Media vida, lo último que ha salido a la luz en nuestras librerías. Hace poco apareció en un diario de tirada nacional una interesante entrevista al maestro de Trinidad y Tobago en la que daba rienda suelta, entre otras cosas, a su mirada de artista y a sus estratagemas literarias. Sí, la mirada de Naipaul no es corrientona. Porque para él, el arte no consiste en subrayar lo que a la vista aparece como valioso sino en descubrir todas las riquezas del planeta en lo más pequeño e inadvertido. Lo decía en un artículo que publicó hace algún tiempo sobre la tierra de Argentina, en el que se lamentaba profundamente de la falta de consideración hacia ella, como si sólo fuera un bien de consumo, un parapeto contra la inflación, "aquí la tierra - decía - es algo que hay que trabajar, no es un objeto de belleza, no se ha visto consagrada por el cine, la literatura o el arte. La tierra en Argentina sigue siendo sólo una mercancía". Su mirada es la mirada de Goethe sobre la naturaleza. "¡Una dicha! - decía en su Fausto -. Cómo no ha de serlo el acostarse de noche en la montaña, abrazar con éxtasis el cielo y la tierra, sentir en el alma la obra entera de los seis días". Sólo un artista sabe encontrar así la primitiva bondad que duerme en los pliegues de lo visible.

En otro momento de la entrevista, Naipaul se refiere al oficio de escritor, "ser escritor no es escribir sólo un libro. O dos o tres. Es seguir una y otra vez. Y entonces, el material al que uno había recurrido para los primeros libros se agota y hace falta echar otra ojeada al mundo". Sí, porque escribir un novelón es fácil, todos somos candidatos a ganar un premio de redacción en un concurso de barrio, todos podemos trabajarnos dos o tres notas y hacernos con un tema musical que sea como aquella canción de los Wonders, que no se bajaba del número uno de las listas de éxitos. Pero la talla del artista se advierte en el talento trabajado a fuego y en esas nuevas miradas que uno tiene que echar sobre la realidad.