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Samuel Goldwyn dijo: "El cine es lo único que puedes vender sin que deje de ser tuyo". Hoy ya no es del todo cierto. Primero el vídeo y ahora el DVD hacen posible que Gary Cooper vuelva a estar solo ante el peligro a la hora que más nos apetezca. Y aunque no gocemos del encanto de una gran pantalla totalmente a oscuras, el cambio merece la pena. Ha llegado la hora de restaurar películas, de devolverles el lustre de otros tiempos, de darles un sonido digno, de escuchar los diálogos originales. La televisión lo ha hecho posible, mientras que las salas se están transformando en multisalas cada vez más minúsculas, sin acomodadores, con olor a nachos mejicanos crujientes con mucho picante, perritos calientes, entradas por Internet que te cobran comisión y aún no sé por qué, más anuncios que en la tele, (además son los de leche Pascual que es la antipublicidad ¡Qué los retiren de una vez, por favor!) Eso sí, las butacas son más cómodas, ¡lo que nos faltaba! que tuviéramos que pagar por ver la película de pie. Ir al cine es como ir de romería, ¡cada vez te venden más movidas! La distribución en salas es simplemente el escaparate para alquilar primero en los Blockbuster, después vender en la Fnac o El Corte Inglés, poco más tarde consumir en televisión de pago y cuando ya nadie se acuerda, verla a cachitos entre largos cortes publicitarios (otra vez leche Pascual). La pantalla grande siempre tendrá algo especial, seguiremos yendo, tranquilos, pero que sepáis, distribuidores y exhibidores que poco a poco nos estáis echando de los cines, al menos ahora tenemos algo a cambio. Cada uno en su casa, y el cine en la de todos. |
Texto: José Cabanach |