Número 41, octubre 2003

Querido equipo de Calibán, os escribo por primera vez para contaros una buena noticia. El pasado verano estuve en Brasil y me monté un tour con unas amigas por muchas ciudades de este espléndido país. Cuando llegamos a Bahia nos sorprendió la pobreza absoluta de sus gentes, el horror de una miseria profunda, y muchas de nosotras estuvimos tocadas todo el año. Supimos por un contacto allí que hay cientos de trabajadores que viven en condiciones de esclavitud y a nadie parece importarles. Parece ser que ahora, la noticia la he leído en estos días de verano, la policía brasileña ha anunciado la liberación de más de 800 de estos trabajadores. Os podéis imaginar la alegría que recibimos. Pero el problema sigue estando ahí, ya que existen muchos terratenientes de la región amazónica que utilizan mano de obra esclava en sus haciendas. Lula lo va a tener difícil, pero con cositas de éstas se hace posible la palabra esperanza.

Berta Mochales Gómez


Perder el miedo al miedo podría ser uno de los eslogans más importantes del siglo. Parece ser que Ben Laden celebró en el mes de abril una macrocumbre terrorista en la que diseñó un plan de ataque bacteriológico descomunal. Yo creo que la solución frente al terrorismo pasa por el reforzamiento entre los estados democráticos y sus estrategias para realizar planes de defensa elaborados por consenso, no por la vía de los ataques unidireccionales comandados por los EEUU. Y que quede claro que el islamismo salvaje no es la norma. Hasta los mismos países árabes de tradición musulmana están dirigiéndose con dureza a los grupos terroristas desestabilizadores. El rey de Marruecos lucha contra el islamismo con todas sus fuerzas, igual que su homólogo tunecino, y el fundamentalista FIS (Frente Islámico de Salvación) no ha podido llegar al gobierno de Argelia. De nuevo habría que pensar en la victoria del diálogo político y religioso de los países de tradición cristiana con el Islam en vez de dejar que nos venzan las suspicacias.

Cristóbal Montes García


Señor director: Fue una vergüenza la actitud de los EEUU en diciembre del año pasado bloqueando la resolución de dejar que los países africanos importaran o crearan genéricos para combatir el SIDA, la malaria, la tuberculosis, etc. Parece ser que se ha iniciado un camino nuevo hacia la luz con el acuerdo de este verano para que el tercer mundo africano pueda tener acceso a los fármacos. Uno de los grandes elementos de distorsión en el panorama mundial es el del protagonismo de las patentes, que imponen su propio código de conducta y no permiten que se opere de otra manera, dejando inutilizados otros caminos que no priorizan el afán de lucro en primer término. Lo malo de funcionar al margen del sistema de patentes es que pueden surgir cientos de piratas que quieran montar fraudes por todo el continente, por eso, los organismos competentes internacionales deberían velar por desarrollar una auténtica industria farmacéutica en esos rincones perdidos, para no dejar los acuerdos en manos de indeseables.

Jaime Cueto Gallego