Número 41, octubre 2003

MÁS DE LO QUE USTED SE CREE
César Vidal

En una reciente encuesta, que supongo tan fiable o poco digna de confianza como la mayoría, aparecía el dato de que Estados Unidos es el país más aborrecido por la población española con la excepción de Marruecos. Desde luego, no cabe la menor duda de que esto es verdad en un cierto sector de la denominada intelectualidad que con tal de que Estados Unidos muerda el polvo es capaz de apoyar a Saddam Hussein, a Ben Laden o si se terciara a Adolfo Hitler. Se suele explicar semejante melonada (lo siento pero es que no se me ocurre un término más directo y adecuado) señalando que, a fin de cuentas, Estados Unidos es lo antitético de las izquierdas y de la extrema-derecha. Si para las primeras es el triunfo del capitalismo y, sobre todo, la derrota de la URSS y de las formas socialistas; para la segunda es el país donde se combina el puritanismo protestante de los fundadores, con el supuesto peso judío y la innegable herencia liberal. A decir verdad, a mí personalmente todo eso me resulta un tanto indiferente. Creo que, en general, en España se pasa por alto lo mejor de ese gran país y, por el contrario, se traga de la manera más acrítica lo censurable. Permítaseme poner algunos ejemplos. Estados Unidos me parece una nación admirable porque su democracia es fuerte y duradera; porque ha combatido a los totalitarismos salvando a Europa del káiser, de Hitler y de Stalin; porque está construida sobre la base de la libertad de conciencia y expresión; porque cuenta con una justicia verdaderamente independiente; porque insiste en el valor del esfuerzo personal y prima la capacidad individual por encima de otras consideraciones; porque practica una ética del trabajo donde ninguna ocupación es considerada indigna por humilde que pueda resultar; porque es el país con mayor capacidad y experiencia de acogida; porque mantiene una extraordinaria coherencia nacional a pesar de estar formado por más de medio centenar de estados; porque a los procesos de secularización posmodernos sabe oponer la acción de lobbies favorables a la familia y a la vida; porque, mal que les pese a muchos, estará al lado de Europa siempre que su libertad y su supervivencia se vean amenazadas y porque no se avergüenza de tener un presidente que comienza muchos consejos con una oración o se pone de rodillas humildemente pidiendo la dirección del Altísimo. Reconozco que todos esos aspectos - y otros más - me parecen envidiables y que me encantaría que en España los viviéramos con la misma naturalidad sencilla que lo hacen en Estados Unidos. De ello podríamos aprender si en vez de hablar tanto de la prepotencia americana nos examináramos la nuestra y decidiéramos ponerla en tratamiento. Con todo, lo más grave de esta situación es que, después de renegar de los Estados Unidos, tragamos acríticamente precisamente lo que es más rechazable de su cultura: las operaciones de cirugía estética, la negación de la muerte, la tele-basura, la permisividad sexual, el peso del lobby gay, la manía por las dietas milagrosas, la obsesión por el peso, el fast food, la fe ciega en la última moda psicoterapéutica, la discriminación positiva, las modas corporales, capilares y musicales... Todo eso y más lo cogemos con uñas y dientes, lo tragamos, lo digerimos y a nadie parece que le provoque el más mínimo sarampión. Tiramos el fruto y encima nos comemos la cáscara que, en buena lógica, debería también arrojarse a la basura. Al final, resulta que, como yo pensaba mientras escuchaba a una periodista cargada de botox en la frente, bebedora de Coca-cola y fumadora de Winston, mientras despotricaba de los Estados Unidos: "usted está más empapada de los Estados Unidos de lo que se cree" y no precisamente de lo mejor.