Número 41, octubre 2003

Tengo la sensación de que entro al cine y me siento en la butaca a ver la misma película una y otra vez. Como un mal sueño que se repite cada noche. He consultado a amigos, y parece que es normal, que no es cosa mía. Estaba preocupado, pero ahora lo estoy más. Segundas, terceras, cuartas y quintas partes amenazan las carteleras para este otoño, por no hablar de los remakes (o refritos en la mayoría de las ocasiones).

Y es que además todos son iguales a un vídeo de la MTV. Las mismas caras, los mismos planos, la misma fotografía, el mismo montaje. Parece como si nadie se atreviera a salirse del camino, han decidido las grandes productoras que mientras el cuerpo aguante, ancha es Castilla. Pero a veces se estrecha un poquito y lo mismo llega un día en que se tienen que poner a pensar en hacer otra cosa porque el público está harto de que le den gato por liebre.

Siempre ha habido tendencias, modas y corrientes. Incluso Hitchcock rodó dos veces El hombre que sabía demasiado (la segunda mejor que la primera), pero de un tiempo a esta parte la saturación de más de lo mismo se ha convertido en algo excesivo. Bien es cierto que casi todo ya es excesivo, pero el cine debe ser más que marketing y estudio de mercado. Parece como si el cine lo hubieran dejado de hacer artistas, y ahora todas las ideas salieran de la mesa de un contable. Y no olvido que el cine es una industria, pero también lo es la moda, por ejemplo, y al menos las repeticiones son más espaciadas.

Y eso no sólo se refiere a los americanos, aquí vamos bien servidos. Las películas "prenominadas" a los Oscar son de un órdago como para no verlo. Soldados de Salamina, para echarse a llorar, con un protagonista masculino que pasa a ser femenino porque la novia del director hace mucho que no trabaja. Hotel Danubio, otro remake con cámara al hombro, que está de moda. Y Al sur de Granada, sin comentarios. En fin, un ramillete de peritas en dulce que no son más que el resultado de una industria que funciona a golpe de calcetín. Y aunque el problema del cine sea general, a uno y otro lado del Atlántico, el mal de muchos es sólo el consuelo de tontos.

¿Pero qué le habré hecho yo al cine para que me de tan mala vida? Con lo que ha sido él pa´mí.

Texto: José Cabanach