Número 41, octubre 2003

¿POR QUÉ LE LLAMAMOS CINE AMERICANO AL CINE AMERICANO?

Oti Rodríguez Marchante

Salvo la gente leída, los demás podemos confesar con tranquilidad que todo lo que sabemos, es decir, toda nuestra cultura, la hemos sacado del cine, o sea, del cine americano. Gracias a las películas americanas, y a géneros como el western, el musical, el cine negro o el melodrama en technicolor de los años cincuenta hemos tenido conocimiento de cosas impresionantes y que, desde luego, desconocen por completo la gente leída. De no ser por el western, no sabríamos siquiera entrar en los bares, o acodarnos en las barras y pedir whisky, no sabríamos que a los capitanes, o así, se les llama mayor y que las flechas entran bien pero salen fatal. Sin el cine negro, muchos no tendrían ni idea de tratar a las pelirrojas, y sin el musical, no sabríamos poner cara de que suena una canción cuando te mira, o aún más, la persona adecuada. En fin, no habría modo de manejar con cierta elegancia nuestros cuerpos y nuestros sentimientos de no haber sido por el cine al que llamamos americano. Lo gracioso es que el cine al que llamamos americano lo han tramado, en su origen y esencia, un puñado de austríacos, algún que otro alemán, un par de franceses y algún aventurero medio americano o medio irlandés. Griffith, Murnau, Fritz Lang, Lubitsch, Renoir, Ford, Wilder. He ahí el cine americano. Si se le suma al inglés Chaplin y al italiano Capra, ¿quién nos falta para completar la galaxia del viejo cine de Hollywood, el clásico, el irrepetible? Probablemente, sólo Howard Hawks, un incatalogable tanto en el espacio como en el género y que lo mismo hizo grandes western, que las mejores comedias o los más negros policíacos. Desde entonces, cuando el cine americano lo hacían fundamentalmente intelectuales europeos, hasta ahora, que el cine americano lo hacen comerciantes de, un suponer, Iowa, la cosa ha cambiado una enormidad. En la actualidad, si queremos ver buen cine americano hay que buscarlo en eso que llaman cine independiente, o sea, dependiente de otros que no son los americanos habituales. Y también se puede encontrar en apellidos como Scorsese, o Coppola, o Allen, o Coen, lo que quiere decir exactamente eso que llevamos suponiendo desde siempre: el cine es un arte americano, pero hecho por otros. Y si a todo ese cine lo llamamos cine americano, porque no vamos a tirarnos por aquí el rollo contrario y coger el cine español y hacer paquetitos con él: el cine catalán, el andaluz, el auge del cine gallego, el pedazo de nariz del cine vasco, las uñas largas del cine madrileño.