Número 41, octubre 2003

El mundo del cortometraje se ha puesto de moda pero, independientemente de tendencias, sigue siendo un gran desconocido. En Calibán hemos hablado con los cortometrajistas más punteros para intentar dar forma a este fenómeno artístico, por otra parte, bastante minusvalorado. Hemos llegado a la conclusión de que la falta de agencias que protejan la obra, la ausencia de un interés cultural por parte del público y las dificultades logísticas económicas y humanas, son un freno. Pero a pesar de las dificultades, como el ave fénix, el corto resurge de sus cenizas para dar muestra de la cantidad de gente valiosa que hay detrás; son luchadores y nostálgicos, soñadores pero realistas. Promesas de futuro para el cine español.

Sergio Catá.- Por la pasión de contar historias. Existen otros medios, pero el corto da mucha libertad, es muy manejable y te permite experimentar.

León Siminiani.- Desde luego, en ningún caso es por los beneficios económicos (risas).

Javier Rebollo.- Para mí es un instrumento personal, un medio de autoconocimiento. La historia es sólo el esqueleto. No es sólo un paso más hacia el largo.

Antonio Naharro.- Tampoco hay que olvidar al público. Éste no es estúpido (aunque después de lo de Torrente empiezo a tener mis dudas) y está deseando que le den algo interesante. Como profesional me como el coco para que mi cine llegue a la gente.

Javier.- Sin embargo yo haría cortos hasta en una isla desierta. No necesito al público. Me interrogo sobre la vida y el cine me ayuda a hacerme preguntas y a hallar respuestas.

Sergio.- Pero es imposible no pensar en el público cuando haces un corto. Todo es un conjunto: lo que quiero contar, cómo lo quiero contar y hacerme entender.

Álvaro Pastor.- Hablando del público. Hay una extraña convicción de que la gente que ve cortos es intelectual. Es cierto que la mayoría de los cortos se ven en festivales dirigidos a los muy relacionados con el cine pero, cualquiera puede ver un corto y pasárselo genial.

León.- Este hecho de que se vean en festivales, en paquetes de seis o siete, hace que no se valoren como una obra aislada. Por eso es un formato bastante lastrado, por cómo se recibe.

Javier.- Es cierto. El corto tiene una sola unidad de lectura. Es un género en sí mismo. El empaquetarlos es terrible.

León.- Sí, el corto es al largo como la novela al relato corto. Géneros autónomos.

Sergio.- El maltrato al corto es casi insuperable. Al no haber contextos específicos, el espectador no puede estar seguro de nada. En la ruleta de seis cortos, dos son malos, otros dos comedias y el último dramático. Esto descoloca demasiado.

Álvaro.- Para mí lo más preocupante es que no haya más cortos con propuestas. Hoy nos hemos juntado aquí cinco personas con propuestas, pero reconozcamos que la gran mayoría ofrece poco.

Javier.- Sí, y a esto se une el aburrimiento del público que se ha vuelto perezoso. Así tenemos el cine que tenemos. Hay que reeducar el ojo del público que está atrofiado por la multicámara de la televisión y otras muchas cosas. Si bien el público entiende las imágenes, no comprende lo que esas imágenes quieren decirle.

León.- Esto tiene relación en cómo es la vida actual. A veces me hubiera gustado vivir en otra época. Pero soy consciente de que éste es el tiempo que me ha tocado vivir y no quiero ser escapista. Pocos ven cine que tenga una propuesta. Estamos en una época en la que hay que desafiarse, si no, te quedas viendo Friends todo el día.

Javier.- Se ha democratizado el cine y parece que cualquiera puede hacerlo. Para filmar bien hay que pensar mucho, y hoy el ambiente no ayuda a pensar. El mal de la sociedad es también el mal del cine. Se han acelerado los procesos. Lo que importa es estrenar en cuantos más sitios mejor. En el cine falta paciencia, esa contemplación de los viejos cineastas. Es como la vida moderna que es muy precipitada. Estamos en un periodo muy negro de comunicación, de humanidad y de espiritualidad, y si esto no existe en la vida real, ¿cómo va a existir en el arte?

Antonio.- Por eso el cine español va de mal en peor, por esta separación entre cine y vida. Las historias son muy superficiales, los personajes esquemáticos. Cuando uno quiere hacer cine tiene que plantearse desde dónde cuenta algo y para qué lo cuenta. Se necesita un conocimiento profundo del ser humano, si no las historias cojean.

Sergio Catá: El hombre que volaba un poquito.
Antonio Naharro/ Alvaro Pastor: Buitres, Ave María Purísima, Los dardos del amor, Uno más uno menos.
Javier Rebollo: En camas separadas, equipaje abierto.
León Siminiani: Dos más, Archipiélago.

Texto: Eva Latonda