Número 41, octubre 2003

Juan Manuel de Prada
Editorial Espasa Calpe

LOS LIBROS BIEN ESCRITOS tienen un inconveniente mayúsculo y es el de provocar en el lector un síndrome de abstinencia que sólo se calma con la lectura de otra obra igualmente poderosa. Ese defecto lo tiene Juan Manuel de Prada que, con el hechizo de su verbo, pone el listón muy alto e, involuntariamente, propone nuevas lecturas cada vez más exigentes. A este libro se le han criticado sus excesos lingüísticos y me parece una chorrada, una escapatoria que nace de la pura mediocridad. Es como criticar a la torre Eiffel por su exceso de altura o al Quijote por su inflación de aventuras. De Prada escribe con el gusto del enamorado de las letras y tiene el don de expresarse con una envidiable elocuencia. Esta obra, que ganó el último premio primavera de novela, lleva el título de La vida invisible, ya que nos habla de ese sub-mundo de realidad que nunca aparece a la vista y que sin embargo es capaz de marcar los destinos personales, desde complejos, iniciativas equivocadas, heridas mal curadas, celos, acciones más aparentemente inocentes que son capaces de arrastrarnos a decisiones insospechadas, "a veces una razón invisible en la que no repara ni siquiera el propio afectado"... Sin embargo, el autor nos advierte en la trama que es siempre el uso de la libertad el que es capaz de interrumpir esa especie de destino fatal o fatum que parece cernirse sobre el ser humano y que cuando uno es capaz de ver la realidad con ojos nuevos, volver sobre sus pasos, advertir la responsabilidad de cuanto emprende y tomarse en serio el amor es entonces cuando puede romper el maleficio de una vida que se extingue. Para ello, se sirve de una trama policíaca del corazón, un proceso de enamoramiento del protagonista que navega desde un primerísimo encuentro fortuito, deambula por los meandros de la persecución amorosa y trasnocha por el universo de los marginados, los drogadictos, las prostitutas, esa especie de otra vida que siempre nos asquea y de la que huimos a la mínima de cambio. Al tiempo que el protagonista de la historia narra en primera persona sus propias vicisitudes, se nos cuenta la historia de Fanny Riffel, una pin-up de los 50 que se ve sometida a durísimas vejaciones que la conducen prácticamente a la locura, esa vida invisible que le va a ir trastornando el ánimo hasta conducirla a la postración. Pero de nuevo aparece ese brote de esperanza en su vida de infierno, su castigador de otros tiempos se convierte en su redentor, en el enamorado que querrá expiar su culpa gracias a la combustión del amor. Y es que ya lo dice su autor al final de la historia y en la página de Agradecimientos, "el amor es irreductible y se contagia".

Dora Rivas