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No es por menospreciar a Shirin Ebadí, la flamante Premio Nobel de la Paz de este año. Una mujer que ha sido la primera juez femenina de la historia de Teherán, que ha sido admirada por su valentía en los tribunales, por su defensa de la mujer y los derechos de los niños y por oler al nuevo Irán que necesitan sus ciudadanos, se merecía un reconocimiento internacional como el Nobel de la Paz. Sin embargo, este año era el año de Wojtyla. Yo no soy católica, o quizá sí, no lo sé, pero creo que la voz del Papa ha sido vital en el absurdo conflicto iraquí que está propiciando todos estos desmanes a los que asistimos todos los días en los medios de comunicación. Por activa y por pasiva ha animado a las partes en litigio a llegar a un entendimiento a través del encuentro, a través de los caminos de la paz, no de la guerra, que siempre trae capítulos sangrientos y víctimas inocentes.
Marta Belloso
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