Número 42, noviembre 2003

He visto la película de Medem sobre el tema vasco. Me ha puesto los pelos de punta. Creo que es un reportaje muy bien hecho. Hay algo que me ha disgustado profundamente y es que el director haya puesto al mismo nivel el sufrimiento del familiar de una víctima de ETA y el familiar de un preso terrorista, son dolores que exigen la precisión del análisis. Vergonzosas me parecen las declaraciones de Otegui: “Sería terrible que los jóvenes vivieran en un mundo en el que se comiera hamburguesas, se hablara inglés y se estuviera todo el día en Internet”. A mí me parece que el inglés es un idioma de encuentro, e Internet una oportunidad de acercarnos al mundo. Los planteamientos de cerrojazo de Otegui me parecen mezquinos. La película apuesta por el diálogo, la opción me parece correcta, pero después de haberla visto uno se pregunta, ¿cómo van a poder dialogar si los protagonistas del futuro del País Vasco parten de puntos de vista absolutamente contrapuestos y, además, no tiene ganas de oírse?

Ramón Vilela


No es por menospreciar a Shirin Ebadí, la flamante Premio Nobel de la Paz de este año. Una mujer que ha sido la primera juez femenina de la historia de Teherán, que ha sido admirada por su valentía en los tribunales, por su defensa de la mujer y los derechos de los niños y por oler al nuevo Irán que necesitan sus ciudadanos, se merecía un reconocimiento internacional como el Nobel de la Paz. Sin embargo, este año era el año de Wojtyla. Yo no soy católica, o quizá sí, no lo sé, pero creo que la voz del Papa ha sido vital en el absurdo conflicto iraquí que está propiciando todos estos desmanes a los que asistimos todos los días en los medios de comunicación. Por activa y por pasiva ha animado a las partes en litigio a llegar a un entendimiento a través del encuentro, a través de los caminos de la paz, no de la guerra, que siempre trae capítulos sangrientos y víctimas inocentes.

Marta Belloso


He leído recientemente un antiguo libro de Jean Ziegler titulado El hambre en el mundo explicada a mi hijo, me parece absolutamente lúcido en cuanto a ideas y aportaciones sobre asunto tan espinoso. Dice que Marx no tenía razón cuando comentaba que “en la tierra existe una carencia absoluta de bienes”, todos sabemos que no sólo hoy se podrían alimentar convenientemente, y cada día, a todos sus habitantes, sino que se podría alimentar por lo menos al doble de la población actual. La solución para erradicar la lacra del hambre en el mundo pasa por un cambio de mentalidad en los países que nos decimos solventes, avanzados y cargados de discursos sobre los derechos humanos. Hace poco, la nueva presidenta de Cáritas Española, Nuria Gispert, ha comentado que la solución pasa por que las sociedades europeas acepten su propia decadencia, me parece un término duro pero absolutamente claro y un punto de partida imprescindible.

Arturo González Gayarre