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QUE NO SE EXTINGAN ESAS MADRES
César Vidal
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Sé que no es políticamente correcto y que resultaría más adecuado a la hora de quedar bien hacer una referencia a las mujeres que se esfuerzan por compatibilizar el trabajo fuera de casa con el hecho de ser esposas y madres. Seguro estoy de que no carecerán de vates que, con toda la razón del mundo, canten sus loas. Permítaseme a mí recordar a las madres que decidieron un día ser sólo eso: madres. Sólo, o nada más y nada menos. Porque al tomar esa decisión arrojaron sobre sí un enorme fardo. No se trató sólo de las cargas, deliciosas pero onerosas, de la maternidad, sino sobre todo de las críticas procedentes de una sociedad que no sólo no puede entender que una mujer no desee progresar económicamente (bueno...) sino que además encuentra insoportable que sea sólo madre. Podrá tachárseme de retrógrado lo que, dicho sea de paso, Escarlata, me importa un bledo , pero mientras que ingenieros, médicos, abogados, peluqueras o electricistas pueden ser muchos, el ser madre no está al alcance de todos. Quizá buena parte de la sociedad considere que no tiene importancia dar a luz hijos más allá del único que cada vez tienen más las parejas si es que no han decidido ya renunciar totalmente a ellos. Quizá buena parte de la sociedad estime que es mucho más importante una nueva jueza, una nueva presentadora o una nueva abogada que comparte su tiempo laboral con el maternal que una madre full time. Quizá buena parte de la sociedad valore más la independencia económica y social que el sacrificio cotidiano de unos hijos. Quizá buena parte de la sociedad ignorando, por ejemplo, el movimiento de regreso a casa en Estados Unidos considere incluso que esa madre a tiempo completo debería desaparecer de una vez por todas ya que es un signo del pasado y una rémora para el porvenir. Discrepo totalmente y lo hago no sólamente por razones humanas sino acusadamente egoístas. Casi me atrevería a decir que de supervivencia de una cultura. Lo que la sociedad se ha ahorrado a lo largo de siglos en psicólogos, policías, jueces, pedagogos, médicos y funcionarios de prisiones gracias a esas madres serviría para equilibrar el presupuesto de las naciones más atrasadas y todo ello sin pensar en recompensas, reconocimientos, medallas o salarios de cargo en ONGs. Nunca se les reconocerá pero su influencia en la civilización ha sido muy superior a la de cualquiera de los intelectuales, filósofos y feministas más afamados. Honremos a todas las madres, incluso a las malas, pero éstas... éstas en particular no dejemos que se extingan, sacrificadas en el idolátrico altar de lo políticamente correcto. Con ellas, más temprano que tarde, acabaríamos extinguiéndonos también nosotros.
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