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LOS DEL CINE NECESITAN A GREENPEACE
Oti Rodríguez Marchante
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El ecosistema cinematográfico tampoco pasa por sus mejores momentos. Son tantos y tan variados los peligros de extinción, y acechan a tantos oficios, personas y personajes, que el cine está necesitando urgentemente su propia greenpeace para que vele por una efectiva repoblación de esa especie: los del cine. Naturalmente, no nos referimos a que los actores y las actrices, o los dire ctores y las directrices, no agoten entre ellos (y hasta con otras especies) sus recursos para la reproducción. Incluso se podría decir que, en ese sentido, se suelen expresar con un entusiasmo febril, o así nos lo hacen creer a los de la otra especie: los que no somos del cine; y le dan, con ello, cuerda a los tonos verdes de nuestra imaginación. El peligro no viene, pues, por una falta de relación íntima entre ellos, sino por una mera lógica evolutiva; hay muchas fases en este proceso, pero pondremos para que se entienda el caso extremo: el actor pierde músculo, desarrolla escamas y se convierte, por ejemplo, en gobernador del Estado (caso Schwarzenegger)... La política sería, digamos, un peldaño más en la escala evolutiva de los actores; pero tal fenómeno altera el ecosistema delsiguiente modo: un peldaño inferior, el del famoso, suple el vacío y asciende a la especie de actor. De tal modo que tenemos a los actores en la política y a los famosos en la interpretación. En su versión española, la evolución del actor a político ha dado lugar a varias subespecies, pero son las más vistosas y emplumadas la del pancartívoro silvestre (se agarra al palo de la pancarta como usted a su nómina) y la del consignero fraseador (que ensarta frases de camiseta mientras frunce la zona frontal como si las acabara de pensar). Y así, los que eran nuestros actores se han convertido, no en gobernadores del Estado (cuesta un dineral), sino en la punta de lanza de nuestro pensamiento y en la voz de nuestra conciencia. Pero, ¿nos hemos quedado, acaso, sin actores?... No, nuestro ecosistema ha permitido la evolución hasta allí de los famosos. No diré nombres de subespecies pero compiten en número y género con los invertebrados. Incluso, en el breve espacio que queda intentaré demostrar el mayor salto biogenético y el más extraño y radical caso de involución en el ecosistema: el político que desarrolla plumas y maneras hasta que se convierte en actor. Se pudo ver durante el espectáculo de la comisión de la Asamblea de Madrid, con la televisión autonómica transmitiendo los debates en directo y ellos, los políticos protagonistas, gustándose en el shakespeariano ejercicio del ser o no ser mientras que el share los convertía en esa palabra tan estúpida que conocemos por mediáticos. Los Simancas a escena y los Bardem al escaño.
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