Número 42, noviembre 2003

TÍTULO ORIGINAL: 21 gramms
DIRECCIÓN: Alejandro González Iñarritu
INTÉRPRETES: Sean Penn, Benicio del Toro, Naomi Wats
GUIÓN: Joel y Ethan Coen
PAÍS/AÑO: Estados Unidos, 2003

El director mejicano Alejandro González Iñárritu sorprendió a todos hace un par de años con su demoledora Amores perros, una película aclamada por la crítica y respaldada por el público. La proyección internacional de la cinta -fue la representante de su país en los Oscars de Hollywood-, dio un nuevo pasaporte a su director, abriéndole el mercado norteamericano. En el mundo cinematográfico latino, supone un toque de gracia, pues la dificultad de encontrar productores impide la realización de la mayoría de los proyectos. De esta forma, González Iñárritu presenta ahora su segundo trabajo, 21 gramos, esta vez con estrellas internacionales de la talla de Sean Penn y Benicio del Toro.

Con un montaje muy complicado y en estructura de flash back, 21 gramos cuenta las tremendas experiencias vitales que los tres protagonistas experimentan en el momento en que sus vidas se ven forzosamente unidas por la desgracia. Paul (Sean Penn), con una enfermedad crónica de corazón que le está causando una muerte lenta, recupera su salud al recibir el corazón del marido, muerto en un atropello, de Cristina (Naomi Watts). En el accidente, además de perder la vida su marido, mueren las dos hijas pequeñas del matrimonio. Jack (Benicio del Toro) es quien conducía el coche. Cristina cae en la más profunda depresión. ¿Su forma de evasión?: las drogas y el alcohol. Paul obsesionado por conocer a la mujer que le dio la vida, ve cómo su matrimonio se resquebraja. Jesús se entrega a la policía, que le mete en a cárcel. De profundas creencias religiosas, no se permite el consuelo del perdón de Dios, convirtiendo su vida en un auténtico infierno.

Así contada, la película resulta un culebrón repleto de tragedia. Paul que vuelve a la vida, no se permite el lujo de la felicidad. Parece no poder vivir a costa del dolor de otro. Cristina, escoge el peor camino para ahogar sus penas. Jack se inmola en el victimismo. Pero, como ya hizo con la también trágica y claustrofóbica Amores perros, Alejandro González Iñárritu, que también firma el guión, destripa y disecciona a cada uno de los personajes para sacar de ellos un final trágico, pero alentador.

La película es dura y algo difícil de ver por semejante estructura, prácticamente un puzzle. El protagonista, Paul es matemático y parece que Iñárritu también quiere hacer matemáticas con el espectador. Pero como sucede con cualquier problema algebraico, después de los complejos preámbulos, todas las piezas van encajando en su sitio. En este sentido, es una película asombrosa.

A las actuaciones de los actores no se les puede pedir más. Son verdaderas almas humanas que buscan, que se preguntan, que sufren, que viven. Sean Penn ganó la prestigiosa Copa Volpi en el pasado Festival de Venecia, pero bien se la merecía cualquiera de los otros protagonistas.

El título de la película responde a la pregunta que el moribundo Paul se hace al comienzo-final de la película… ¿Cuánto pesa el alma…?, ¿21 gramos? ¿Cuánto pesa mi vida? El amor que entregues, será el peso de tu vida.

Eva Latonda