Isaac B. Singer
Editorial Punto de lectura
ESTE AÑO HA SALIDO EN EDICION DE bolsillo esta gloriosa autobiografía de Isaac B. Singer. Poca gente se ha hecho tantas preguntas hondas, se ha bebido tanto la vida, ha sufrido con la ansiedad de un león acorralado y ha escrito obras de una lucidez tan maravillosa como este judío que escribía en yiddish. No hay más que empezar por el principio, como decía Alicia en el famoso libro de Carroll. Mi hermano le había explicado a mi madre que la literatura se ocupa sobre todo de la naturaleza de las personas. Empecé a indagar en mi interior, en mi alma. Decidí hacerme escritor. No se puede decir mejor. Muchos escritores noveles piensan que uno se pone a escribir cuando se consigue una técnica, cuando se da con un estilo peculiar o se recibe cierta inspiración de las musas. La matriz de la creación literaria nos la resume Singer en esa bella expresión, hay que interrogarse por uno mismo, hay que indagar en el interior. Por eso, su primera pasión fue la de las fórmulas de calado. Yo ardía de deseos de leer lo que los filósofos tenían que decir acerca de Dios, del mundo, el tiempo, el espacio y, sobre todo, la razón por la cual las personas y los animales han de sufrir tanto. Esta era para mí la pregunta más importante de todas. Me lancé a una carrera contra el viento, mientras en mi interior una voz gritaba: ¡Tengo que conocer la verdad, de una vez por todas!.
El materialismo no le sedujo. Hasta en sus peores momentos de duda, seguía pensando que este mundo no había evolucionado por sí solo, sino que tras él subyacía algún plan, una conciencia, un impulso metafísico. Las fuerzas ciegas eran incapaces de crear una mosca siquiera. Todo en él era hondura y reflexión. La ciencia le ofrecía escaso consuelo. Las estrellas, decía, estaban formadas por la misma materia que componía la tierra. Irradiaban enormes cantidades de energía. Los escritores anticipaban la llegada de la televisión y de los aviones que cruzaban el Atlántico. Pero estas contribuciones no contribuían en nada a elevar mi espíritu. Si además de esta autobiografía se tiene la oportunidad de leer algo más de Singer como Un amigo de Kafka y otros relatos y sobre todo Sombras sobre el Hudson, tanto mejor para aficionarse a una bestia parda de la literatura del siglo XX.