Número especial

El 7 de marzo de 2003 se hacía público un libro de poemas de Juan Pablo II. Eran días decisivos, la amenaza de guerra convulsionaba el mundo, el pontífice advertía de las consecuencias terribles de una guerra contra Irak. Y en esas mismas jornadas, en medio de sus infatigables esfuerzos diplomáticos por evitar el conflicto, aparecían unas páginas de poesía del Papa. Podrían parecer dedicaciones opuestas o al menos dispares y, sin embargo, nacen del mismo corazón anhelante de conocimiento y de paz. Es decir, la literatura no es una dedicación para los hombres ajenos al mundo y a sus conflictos, seríamos extraños para nosotros mismos si no se escribiese poesía porque dejaríamos de "ver" el mundo renovado por la palabra. Además, los versos del Papa muestran una visión cuyo horizonte es el mundo entero y son testimonio de un deseo ardiente por conocer y llegar al corazón de la realidad incluso la más dolorosa; del mismo modo y mirándolo en la otra dirección, los esfuerzos de Juan Pablo II por evitar la guerra y suplicar la paz están enraizados en un deseo de verdad que aparece en sus poemas. No son ingenuos los llamamientos a la paz del Papa, como tampoco son sus poemas los de un hombre ajeno a los problemas del mundo; revelan la necesidad de una nueva visión del mundo y un conocimiento de su origen y consistencia.

El libro se titula Tríptico romano está escrito originalmente en polaco y la traducción al español es de Bogdan Kwiatkowski. Han aparecido publicados en Zenit. Tríptico romano está dividido en tres partes o paneles independientes: la primera es una reflexión al hilo de dos elementos de la naturaleza relacionados con el agua - el arroyo y la fuente -; el segundo, una serie de apuntes sobre la Capilla Sixtina y el genio de Miguel Ángel; el tercero, una recreación de la historia de Abrahán. El subtítulo de la obra es Meditaciones, se indica así que se trata de un libro en el que se da a los lectores algunos de los pensamientos y reflexiones del Papa. La peculiaridad de estas meditaciones está en que su origen no es estrictamente el pensamiento sino la visión. Es decir, nacen de la contemplación de la naturaleza (1ª parte del tríptico), de la admiración de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina (2ª parte) o de la recreación ensimismada de la historia bíblica de Abrahán (3ª parte). Pero en los tres casos, parte de uno de los sentidos de la naturaleza humana, la vista, que permite acceder a la realidad y penetrar en su significado. De este modo, el Tríptico se ordena a partir de la visión, aunque respetando la variedad de temas a los que se dedica, desde la contemplación de la naturaleza, hacia el reflejo en el arte de la creación y llegando a una historia humana, la de la elección y preferencia de Dios por Abrahán y con él a todo su pueblo.

El primer panel se divide a su vez en dos partes. En la primera, el poeta se sitúa ante el movimiento incansable y silencioso del arroyo que fluye, lo admira. Ante el río se pregunta si el devenir existencial del contemplador es semejante. Aparentemente los dos pasan, uno llevado por la propia corriente, el hombre por sus días que corren sin descanso. Pero la diferencia es sustancial, es la distancia entre una conciencia asombrada y la inconsciencia:

"Al caer, el torrente no se asombra.
Y los bosques bajan silenciosamente al ritmo del torrente pero, ¡el hombre se asombra!
El umbral en que el mundo lo traspasa,
es el umbral del asombro. (Antaño a este asombro lo llamaron Adán)
"

La vida del poeta - y del hombre - consiste en ese asombro. Lo que lo diferencia de la naturaleza que fluye es que no le basta seguir pasando. Por eso, su asombro escucha, y de entre las ondas que lo llevan, de ese fluir de su existencia, se alza una voz:

"¡para! en mí tienes el puerto, en mí está el sitio del encuentro con el Verbo Eterno, ¡para, este transcurrir tiene sentido, tiene sentido... tiene sentido... tiene sentido!..."

Es decir es de la entraña misma de la existencia desde donde se alza una voz que proclama el sentido. Pero la recurrencia letánica que parecen repetir las aguas del río son una invitación a la búsqueda de la fuente:

"La bahía del bosque baja al ritmo de arroyos de montaña... Si quieres la fuente encontrar, tienes que ir arriba, contra la corriente. Empéñate, busca, no cedas, sabes que ella tiene que estar aquí. ¿Dónde estás, fuente? ¡¿Dónde estás, fuente?!"

Desde la visión del arroyo, de la conciencia asombrada de las aguas descendiendo por la montaña, se llega a anhelar un mayor conocimiento. No basta la visión, la conciencia del ser reclama una experiencia mayor: el desvelarse de su secreto. Además, la vista reclama otros sentidos, el del gusto que revele el sabor del origen:

"Déjame mojar mis labios en el agua de la fuente, sentir la frescura, la frescura vivificante"

En la parte central, y además con una extensión muy superior a la de las otras dos partes, se nos invita a entrar en la Capilla Sixtina para mirar y reconocer: "Entramos para leer, caminando desde el asombro hasta el asombro". Sin este asombro no se da el reconocimiento, he aquí el enganche con el primer panel (solamente la conciencia asombrada se mueve hacia el conocimiento completo: la fuente, el origen del movimiento). Curiosamente, el poeta abre su pieza con la figura del primer ser que vio, con el Primer Vidente. Con Dios, que después de crear, vio, es decir usó los ojos, detuvo su mirada sobre las cosas - mar, tierra, peces, animales, plantas, hombre y mujer - y reconoció su valor ("Vio que era bueno"). Pero tan liberal pinta el poeta a este primer Vidente que su visión no se termina en Él, sino que espera nuevas visiones:

"Él que creó, vio "vio que era bueno", vio con la visión distinta de la nuestra, Él, "el primer vidente". Vio, hallaba en todo alguna huella de su Ser, de su plenitud. Vio: Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius [Todo está descubierto y revelado ante sus ojos]. Desnudo y transparente. Verdadero, bueno y bello"

La tercera parte es de carácter narrativo, es decir, a través de la voz del narrador se nos da la historia de Abrahán que reconoció en su historia a Dios al que solamente vio misteriosamente o vio a través de una voz... lo vio con los ojos de la fe. Con este último paso, el poeta redondea el proceso de la visión que presenta el tríptico. Ve con asombro el arroyo y busca la fuente (1º), reconoce la creación y el destino de la realidad en la recreación de lo creado (2º) y ve con los ojos de la fe a Aquella Voz que de manera contundente había rodeado a Abrahán de los indicios, claros y rotundos, de su Presencia (3º).

Sin duda alguna, Juan Pablo II tiene una visión aguda y penetrante, se percibe en estos tiempos de guerra en los que las diferentes posturas de poder o hegemonía política oscurecen la visión de la sangrienta guerra a la que asistimos. El Papa lo ha demostrado siempre mirando a la persona por encima de cualquier poder o ideología de moda, y lo muestra una vez más en estos poemas. Porque para escribir, como decía Flannery O´Connor, hace falta amar tanto la realidad que no se tenga miedo a cogerla y percibirla con los sentidos. De hecho, el primero que no la temió, más aún la amó, incluso más, la creó, y después de darle vida, la vio, fue Dios.

Guadalupe Arbona
Profesora de literatura


MONTE EN LA REGIÓN DE MORIA

1.  Ur de los Caldeos
Hubo un tiempo cuando los hombres
no dejaban de viajar.
Caminaban, junto con sus rebaños,
allá donde les llamaba la prosperidad;
allá donde la tierra, como una madre fértil,
era capaz de alimentar animales,
allá el hombre ponía sus tiendas
y daba comienzo a su morada.

¿Por qué nosotros buscamos hoy
este lugar en la tierra de los Caldeos
de donde se marchó Abram hijo de Téraj
junto con otros nómadas semejantes a él?
Pensaba quizás: ¿por qué debo salir de aquí?
¿Por qué debo dejar a Ur de los Caldeos?
¿Pensaba así? ¿Sintió la tristeza de la despedida?
¿Miraba atrás?
No lo sabemos. Únicamente sabemos que oyó la Voz
que le dijo: ¡Vete!
Abram decidió seguir la voz.

La Voz decía: Serás padre de multitud de pueblos,
tu descendencia se multiplicará como la arena en las playas.

¿Cómo se cumplirá esta promesa
- pensaba Abram -
si la naturaleza me negó el don de la paternidad?
La esposa que yo amaba desde los días de mi juventud
no me ha dado un hijo. Por esto sufrimos ambos.
La voz dijo, sin embargo: serás padre.
Serás padre de multitud de pueblos.
Tu descendencia se multiplicará como la arena en las playas.

2.  Tres vidit et unum adoravit [Vio a tres, pero a uno amaba]
¿Quién podría llamar así el futuro
lejano y cercano?
¿Quién es Este Sin-Nombre
que quiso revelarse a través de su voz?
¿Quién habló así a Abram,
como el Hombre que habla al hombre?

Era Diferente. No se parecía a nada
de lo que podía pensar de Él el hombre.
Habló: entonces esperaba la respuesta...

Una vez vino de visita donde Abram.
Llegaron Tres Huéspedes que recibió
con gran respeto.
Abram sabía que era Él,
el Único.
Reconoció la voz. Reconoció la promesa.
Un año después, gozaron ambos con Sara
del nacimiento del hijo
aunque ya eran de edad avanzada.

Hijo, esto significa: la paternidad y la maternidad.
Serás padre, Abram, serás padre de multitud de
pueblos. Desde ahora tu nombre ya será "Abrahán".
Con este nombre te bendeciré.
Con este nombre multiplicaré tu descendencia
hasta los confines más alejados de la tierra.
Este nombre significará: "El que creyó en contra de toda esperanza".
Alrededor, los hombres y los pueblos se inventaban los dioses
(sea Egipto, sea Hélade, sea Roma).
Él, Abrahán, le creyó al que Es, con Él hablaba, seguía la Voz.
delante de quien abría la puerta de su tienda,
le ofrecía su hospitalidad,
con Él se reunía.

Nosotros precisamente hoy regresamos a estos lugares,
porque, por aquí, antaño, Dios visitó a Abrahán.
A Abrahán que creyó, lo visitó Dios.

Cuando los pueblos y los hombres se inventaban a los dioses,
vino El que Es.
Entró en la historia del hombre
y le reveló el Misterio oculto
desde la fundación del mundo.

3. Conversación del padre con el hijo en la región de Moria
Así caminaban y conversaban ya el tercer día:
He aquí el monte sobre el cual debo ofrecer el sacrificio -
decía el padre. El hijo guardaba silencio, no se atrevía a preguntar:
¿Dónde está el cordero para el sacrificio? Tenemos el fuego y la leña
y el cuchillo del sacrificio,
pero dónde está el cordero para el sacrificio?
Dios proveerá el cordero para el sacrificio -
así dijo, no se atrevió a decir
en voz alta estas palabras: el cordero para el sacrificio lo serás tú:
entonces callaba.

Con este silencio, de nuevo se hundía en una hostil lejanía.
Oyó la Voz que lo conducía.
Ahora, la Voz se calló.
Se quedó solo junto con su nombre
Abrahán: El que creyó en contra de toda esperanza.
Dentro de un momento construirá el altar del sacrificio,
prenderá el fuego, atará las manos de Isaac -
y entonces - ¿qué?, arderá la leña apilada...
Ya se ve como padre del hijo muerto
que le dio la Voz y ¿ahora se lo quita?

Oh, Abrahán que subes a este monte en la región de Moria,
hay un límite de la paternidad, un umbral que tu no pasarás.
Otro Padre recibirá aquí el sacrificio de su Hijo.
No temas, Abrahán, sigue adelante
y haz lo que debes hacer.
Tú serás padre de muchos pueblos;
haz lo que debes hacer, hasta el final.

Él mismo detendrá tu mano
cuando esté lista para dar el golpe del sacrificio...
Él mismo no dejará que tu mano hiciera
lo que ya se consumió en el corazón.
Así, tu mano se suspenderá en el aire.
Él mismo la detendrá.
Y, desde entonces, el monte en la región de Moria se volverá
la espera,
porque en él debe cumplirse el misterio.

4. Dios de la alianza
¡Oh, Abrahán, Él que entró en la historia del hombre,
sólo por ti desea revelar este misterio oculto
desde la fundación del mundo,
misterio más antiguo que el mundo!

Si hoy recorremos estos lugares,
de donde, antaño, se marchó Abrahán,
donde oyó la Voz, donde se cumplió la promesa,
es para detenerse en el umbral
llegar al principio de la Alianza.
Porque Dios reveló a Abrahán
qué es, para un padre, el sacrificio de su propio hijo,
muerte de sacrificio.
Oh, Abrahán, porque Dios quiso tanto el mundo
que le entregó a su Hijo para que cada uno que crea en Él
tenga la vida eterna.
¡Detente!
Yo llevo tu nombre en mí,
este nombre es signo de la Alianza que contrajo contigo
el Verbo eterno
antes de la creación del mundo.

No olvides este lugar cuando te vayas de aquí,
este lugar esperará su día.