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El libro se titula Tríptico romano está escrito originalmente en polaco y la traducción al español es de Bogdan Kwiatkowski. Han aparecido publicados en Zenit. Tríptico romano está dividido en tres partes o paneles independientes: la primera es una reflexión al hilo de dos elementos de la naturaleza relacionados con el agua - el arroyo y la fuente -; el segundo, una serie de apuntes sobre la Capilla Sixtina y el genio de Miguel Ángel; el tercero, una recreación de la historia de Abrahán. El subtítulo de la obra es Meditaciones, se indica así que se trata de un libro en el que se da a los lectores algunos de los pensamientos y reflexiones del Papa. La peculiaridad de estas meditaciones está en que su origen no es estrictamente el pensamiento sino la visión. Es decir, nacen de la contemplación de la naturaleza (1ª parte del tríptico), de la admiración de los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina (2ª parte) o de la recreación ensimismada de la historia bíblica de Abrahán (3ª parte). Pero en los tres casos, parte de uno de los sentidos de la naturaleza humana, la vista, que permite acceder a la realidad y penetrar en su significado. De este modo, el Tríptico se ordena a partir de la visión, aunque respetando la variedad de temas a los que se dedica, desde la contemplación de la naturaleza, hacia el reflejo en el arte de la creación y llegando a una historia humana, la de la elección y preferencia de Dios por Abrahán y con él a todo su pueblo. El primer panel se divide a su vez en dos partes. En la primera, el poeta se sitúa ante el movimiento incansable y silencioso del arroyo que fluye, lo admira. Ante el río se pregunta si el devenir existencial del contemplador es semejante. Aparentemente los dos pasan, uno llevado por la propia corriente, el hombre por sus días que corren sin descanso. Pero la diferencia es sustancial, es la distancia entre una conciencia asombrada y la inconsciencia: "Al caer, el torrente no se asombra. La vida del poeta - y del hombre - consiste en ese asombro. Lo que lo diferencia de la naturaleza que fluye es que no le basta seguir pasando. Por eso, su asombro escucha, y de entre las ondas que lo llevan, de ese fluir de su existencia, se alza una voz: "¡para! en mí tienes el puerto, en mí está el sitio del encuentro con el Verbo Eterno, ¡para, este transcurrir tiene sentido, tiene sentido... tiene sentido... tiene sentido!..." Es decir es de la entraña misma de la existencia desde donde se alza una voz que proclama el sentido. Pero la recurrencia letánica que parecen repetir las aguas del río son una invitación a la búsqueda de la fuente: "La bahía del bosque baja al ritmo de arroyos de montaña... Si quieres la fuente encontrar, tienes que ir arriba, contra la corriente. Empéñate, busca, no cedas, sabes que ella tiene que estar aquí. ¿Dónde estás, fuente? ¡¿Dónde estás, fuente?!" Desde la visión del arroyo, de la conciencia asombrada de las aguas descendiendo por la montaña, se llega a anhelar un mayor conocimiento. No basta la visión, la conciencia del ser reclama una experiencia mayor: el desvelarse de su secreto. Además, la vista reclama otros sentidos, el del gusto que revele el sabor del origen: "Déjame mojar mis labios en el agua de la fuente, sentir la frescura, la frescura vivificante" En la parte central, y además con una extensión muy superior a la de las otras dos partes, se nos invita a entrar en la Capilla Sixtina para mirar y reconocer: "Entramos para leer, caminando desde el asombro hasta el asombro". Sin este asombro no se da el reconocimiento, he aquí el enganche con el primer panel (solamente la conciencia asombrada se mueve hacia el conocimiento completo: la fuente, el origen del movimiento). Curiosamente, el poeta abre su pieza con la figura del primer ser que vio, con el Primer Vidente. Con Dios, que después de crear, vio, es decir usó los ojos, detuvo su mirada sobre las cosas - mar, tierra, peces, animales, plantas, hombre y mujer - y reconoció su valor ("Vio que era bueno"). Pero tan liberal pinta el poeta a este primer Vidente que su visión no se termina en Él, sino que espera nuevas visiones: "Él que creó, vio "vio que era bueno", vio con la visión distinta de la nuestra, Él, "el primer vidente". Vio, hallaba en todo alguna huella de su Ser, de su plenitud. Vio: Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius [Todo está descubierto y revelado ante sus ojos]. Desnudo y transparente. Verdadero, bueno y bello" La tercera parte es de carácter narrativo, es decir, a través de la voz del narrador se nos da la historia de Abrahán que reconoció en su historia a Dios al que solamente vio misteriosamente o vio a través de una voz... lo vio con los ojos de la fe. Con este último paso, el poeta redondea el proceso de la visión que presenta el tríptico. Ve con asombro el arroyo y busca la fuente (1º), reconoce la creación y el destino de la realidad en la recreación de lo creado (2º) y ve con los ojos de la fe a Aquella Voz que de manera contundente había rodeado a Abrahán de los indicios, claros y rotundos, de su Presencia (3º). Sin duda alguna, Juan Pablo II tiene una visión aguda y penetrante, se percibe en estos tiempos de guerra en los que las diferentes posturas de poder o hegemonía política oscurecen la visión de la sangrienta guerra a la que asistimos. El Papa lo ha demostrado siempre mirando a la persona por encima de cualquier poder o ideología de moda, y lo muestra una vez más en estos poemas. Porque para escribir, como decía Flannery O´Connor, hace falta amar tanto la realidad que no se tenga miedo a cogerla y percibirla con los sentidos. De hecho, el primero que no la temió, más aún la amó, incluso más, la creó, y después de darle vida, la vio, fue Dios. |
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Guadalupe Arbona |
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MONTE EN LA REGIÓN DE MORIA 1. Ur de los Caldeos ¿Por qué nosotros buscamos hoy La Voz decía: Serás padre de multitud de pueblos, ¿Cómo se cumplirá esta promesa 2. Tres vidit et unum adoravit [Vio a tres, pero a uno amaba] Era Diferente. No se parecía a nada Una vez vino de visita donde Abram. Hijo, esto significa: la paternidad y la maternidad. Nosotros precisamente hoy regresamos a estos lugares, Cuando los pueblos y los hombres se inventaban a los dioses, |
3. Conversación del padre con el hijo en la región de Moria Con este silencio, de nuevo se hundía en una hostil lejanía. Oh, Abrahán que subes a este monte en la región de Moria, Él mismo detendrá tu mano 4. Dios de la alianza Si hoy recorremos estos lugares, No olvides este lugar cuando te vayas de aquí,
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