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La música es el lenguaje de Dios, qué razón tenían los antiguos sabios cuando decían esto. Ya sé que en la edad moderna que nos ha tocado vivir, se ha ido afirmando una forma de humanismo caracterizado, no sólo por la ausencia de Dios, sino, lo que es más grave aún, por una clara oposición a Él. Y gran parte de esto ocurre en el mundo de las artes: la literatura, las artes escénicas, la música. Sin embargo, el empeño de la Iglesia no cesa y, cómo no, ha seguido alimentando un gran aprecio por el arte, considerándolo un puente tendido hacia la experiencia religiosa. El mérito de este acercamiento es sobretodo de nuestro querido Papa y de ese signo de amistad, apertura y diálogo que le caracteriza. En mi humilde opinión, (que nunca será objetiva, ya que Su Santidad es la persona que más admiro sobre la tierra), creo que Juan Pablo II ha sabido y sabe comportarse como el representante de Dios que es. ¿Por qué se cuestiona si recibe en audiencia a David Bowie o a Bob Geldof?, ¿por qué nos extraña que Bob Dylan toque para él?… Parece que no le conocemos, ¿eh? Parece que ignoramos que nuestro pontífice está con el mundo, con todos y cada uno de los que vivimos aquí, sin distinción. Son muchos los artistas que han ido a verle, entre ellos músicos de gran relevancia que han despertado los halagos de unos y las críticas de otros; Bob Dylan, Quincy Jones, Shakira, Dolores o´Riordan (The Cramberries), Bono (U2), Laura Pausinni, Bowie y Geldof entre otros. Son unos cuantos los que piensan que hay un antes y un después de la visita y del concierto de Dylan para el Papa, y acusan a la Iglesia de querer usar el rock para el jubileo, negando sus raíces y su origen provocador y de música de ruptura. Santino Sparta, experto católico del espectáculo, nos recuerda que nuestro pontífice se caracteriza por buscar puntos en común con figuras que parezcan de lo más distantes al credo cristiano... ¡que parezcan!, ya que muchos no saben lo cerca que en realidad están. Todos los que han podido mantener unas palabras con su Santidad, han salido impresionados por su figura, y la serenidad que transmite, por esa paz armónica que se siente en su presencia, la paz de Dios. Hasta el demonio, ese espantoso ser que no parece presente, pero que siempre está ahí, es necesario para fundamentar y afirmar nuestra fe. De igual manera, los músicos que consideran sus composiciones una provocación a las creencias religiosas, los que se burlan, o reflejan en ellas su odio más profundo... denotan una autentica necesidad de búsqueda, un afán de encuentro con ese más allá que les falta. Sus canciones, son los gritos de angustia de los hombres que niegan el origen de su existencia y que no descansan en paz. Esos, también son un instrumento de Dios, ya que aunque no quieran ni sepan, están en Sus manos. Nosotros, los católicos que entendemos un poco de estas cosas, tenemos el criterio suficiente para valorar lo que escuchamos, para admirar lo admirable, para tolerar lo inadmisible. Hoy, porque su cantante favorito lo hace, hay jóvenes que se taladran el cuerpo a piercings, mientras se echan las manos a la cabeza por que las monjas de clausura llevan sayal y sandalias hasta en el invierno más crudo. Hoy, algunos chicos y chicas se tiran horas y hasta días en la puerta del Palace para ver dos segundos a su ídolo, que ni siquiera sabe que existen y se ríen de ti, o de ti, porque vas un rato a misa los domingos. Hoy, no son pocos los que acuden al psicólogo para conocerse a sí mismos y se extrañan de que tú tengas las cosas tan claras, porque no saben, que sueles hacer un rato de oración y análisis por las noches, que tienes claro lo que haces bien y lo que haces mal y que hay un sacerdote que te escucha y te aconseja asiduamente... sin cobrarte nada y recetándote sólo unas cuantas plegarias antes de dormir. ¡Qué absurdo! "La música es un lenguaje universal. La humanidad necesita la belleza de la música, la cual interpreta el espíritu, relaja el alma, eleva la sensibilidad y ayuda a levantar nuestra mirada con un sentimiento de gozo" Juan Pablo II ¿No es verdad que si te imaginas algo hermoso, piensas en un coro de ángeles cantándote al oído? Pues yo pienso que la voz de Dios, debe ser algo así, como un sonido melódico y armonioso, un idioma de sentimientos trasmitidos por la música... y no esa voz grave de actor de doblaje que le ponen en las películas. A ver, ¿quién se ha fijado en que el Papa cuando habla, parece estar cantando, como en una alabanza constante al Señor? Tenemos suerte los que hemos escuchado y aprendido de esa voz cantarina, la voz de Dios en la tierra, que, como cuenta la anécdota, cada vez que escucha un "¡VIVA EL PAPA!" dice en voz bajita: "¡Alabado sea el Señor!". |
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Maru García |
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