Número 44, enero 2004

Queridos amigos de Calibán, no estoy muy de acuerdo con vuestra crítica de Dogville del número pasado. A mí me parece que la película, además de arriesgada por el montaje teatral puro y duro, no refleja un pesimismo atroz. Yo creo que es una película que deja muy abierto el final. El director, Lars Von Triers dijo que lo único que quería provocar con su historia es un debate precisamente sobre los últimos minutos de la cinta, ¿está bien o está mal lo que hizo la protagonista? Me parece que los hombres no somos como los perros, que funcionamos movidos por el instinto, sino que somos capaces de dar calor a un pollito indefenso, tirar piedras a las gaviotas, acariciar a un niño o matar al vecino del quinto. Nuestro DNI se llama libertad y me gusta saber que puedo hacer lo que me da la gana sin que una Naturaleza me imponga su criterio depredador. Creo que Grace hizo mal al final de la película, y de eso también se aprende.

Lourdes Baños


No podemos hablar de la religión como origen de fundamentalismos dislocados sino como principio de unión entre los pueblos. Sólo la gente que se entiende desde posturas religiosas puede promover culturas de encuentro. La libertad religiosa forma parte de los derechos humanos más fundamentales porque expresa precisamente la dignidad que tenemos en nuestra dimensión más noble, y porque pertenece a la libertad de conciencia. Es más, creo que todas las confesiones, las cristianas y las grandes religiones de la humanidad, deben colaborar entre ellas para eliminar las causas sociales y culturales del terrorismo, enseñando la grandeza y la fuerza de las personas y favoreciendo una conciencia más grande de nuestra unidad, de que cada uno no va por su lado haciendo grupitos, sino de que todos estamos en el mismo barco.

Pedro Álvarez


Señor director, me he quedado de piedra cuando he leído el estudio Megapoles: los jóvenes y el alcohol, de la Comisión Europea, en el que se cuenta que el 44% de los europeos de 15 y 16 años bebe demasiado, y dos de cada tres de entre 11 y 15 años han bebido alcohol en el último mes. Además, se cuenta que en Madrid se consume mucho alcohol porque es más barato. La verdad es que antes, los cuarentones eran los que estaban alcoholizados e iban a las reuniones de alcohólicos anónimos a contar su experiencia y a intentar dejarlo. Ahora somos nosotros, los jóvenes, los que estamos empezando a ir a estas terapias. Para que nuestras salidas de fin de semana no se conviertan en llevarnos a casa unos a otros con pinta de zombies, un grupo de amigos hemos montado un taller literario en plan El club de los poetas muertos, en el que nos leemos cosas de Pérez Reverte, de Cernuda... Y alguna cerveza cae, pero ha dejado de ser el centro.

Tomás Tejerina García