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Ahora en Cantón dicen que el capitalismo ha entrado con tal fuerza, que en la ciudad donde la mayoría de los habitantes se movían hasta hace poco en bicicleta, las calles están tomadas por los coches, porque cada cantonesito quiere el suyo. Y han comenzado a pagar las desventajas que conllevan la mayoría de los adelantos civilizados: los semáforos eternos, los atascos, los ceda el paso... y ahora los chinos están reaccionando como cualquier europeito o americanito, infringiendo las normas de circulación para que el motor les salga rentable (ya que no puede entrar en la mollera que uno con los avances tarde más en llegar a trabajar). La policía desbordada, ha intentado atajar el problema como si su ciudad siguiera siendo un sitio apacible y ha inventado un juego de ciudadanía: cada cual que lleve una foto en la que aparezca un temerario conductor cometiendo una infracción y además se vea la placa identificatoria (es decir la matrícula bien clarita) se verá retribuido con una módica cantidad de Y es que la ciencia avanza que es una barbaridad, y el ser humano, hombre al fin y al cabo, no reacciona tan distinto en el oriente o en el occidente si le ponen delante del mismo estímulo. El mundo se mueve por intereses ocultos y en realidad lo que vemos es una sombra chinesca, reflejo sombrío de otros asuntos profundos. Porque vemos lo que nos dejan ver y lo que el magín nos da para entender, y los que venden en el mundo son como los mercaderes que Jesucristo expulsó con un enfado descomunal de la casa de su Padre. Venden, venden, da igual dónde y sin respeto, el caso es vender. Y digo yo, que no tienen por qué ser las mismas necesidades las de Cantón que las de Nueva York, y que esto será tan malo. Me decía un argentino amigo mío, con orgullo, que Buenos Aires es bien linda, y con aire de complicidad me decía, "muy europea, sabes, como Madrid o París". Pues ya no voy, le contesté, vaya gracia cruzarme el charco que es un palizón para ver el París de allí. Me quedo con éste (el de la Francia), que es como de toda la vida, porque a los españoles nos queda más cerca (aunque los franceses nos resulten a veces como los vecinos que viven en tu mismo piso y que no te esperan en el ascensor para no tener que saludar, y los argentinos, primos hermanos, eso sí). Que digo la manía esa de establecer los cánones de lo bueno en modelos lejanos. De todos modos iré a Buenos Aires pero a ver tangos y a escuchar a los argentinos, que tienen mucho que decir. Y así es, todo y todos somos en muchos momentos el reflejo de nuestra sombra proyectada y debemos tratar de mirar más allá para no perder el norte (o el sur). SOMBRAS CHINESCAS (las de verdad) Todos hemos jugado de niños a proyectar las sombras de n Podía seguir contándo que son una tradición milenaria y que surgieron entre los campesinos de China, que cada región tiene sus técnicas particulares que las diferencia entre ellas, que es un verdadero arte que une la escenografía, la literatura la música y la escultura. Pero no voy a seguir por aquí y tampoco hablaré de la dinastía Han. Lo que sí voy a decir es que en China los campesinos que trabajan los campos durante jornadas interminables siguen transmitiendo el arte milenario a los jóvenes, porque en Oriente lo anciano tiene un gran valor ya que es ahí dónde se encuentra el conocimiento maduro y la sabiduría y no como en Occidente donde lo viejo es el desecho inservible, como los abuelos, porque ya no son bellos y no producen. La sombra chinesca es parte de la cultura del pueblo donde la cultura no es un ocio para privilegiados elevados con tres carreras, es algo que sale de lo primitivo del placer de expresar y de crear belleza, de la necesidad del hombre de saciar mucho más que las necesidades primarias, lo mismo que son en cada pueblo las tradiciones del folclore. Que aunque las marionetas con las que se hacen las sombras no se ven en sí mismas se realizan con extremo cuidado y se decoran como si ellas fueran a ser lucidas, ya que la sombra es más bella cuanto más trabajado es el fondo y eso dice mucho de una cultura donde el arte es más que un ocio, y se cuida hasta lo que no va a ser lucido. Todo eso y más son las sombras chinescas. A Manolita Amador que con su paciencia de anciana llenó mis tardes de infancia de marionetas caseras, y a todos los ancianos del mundo que tanto nos enseñan. |
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Texto: Paloma Merino |
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