Número 44, enero 2004

Director: Lee Jung-Hyang, Intérpretes: Yoo Seung-ho (Sang Woo), Kim Ul-Boor (la abuela), Dang Hyo-Hee (la madre), Min Kyung-Hoon (Cheol-e), Yeo Chun (Hae-Yeon), País: Corea del Sur, Año: 2002, Producción: Whang Woo-Hyun y Wang Jae-Woo, Guión: Lee Jung-Hyang, Música: Kim Hae-Hong y Kim Yang-Hee, Fotografía: Ion Hong-Shilk, Montaje: Kim Sang-Beom y Kim Jae-Beom, Género: Drama social, Distribuidora en DVD: DeaPlaneta, Duración: 97 minutos, Idiomas: Inglés, Castellano y Coreano. Subtítulos: Ingles, castellano y otros, Adaptación 16:9: Sí, Extras: Trailer de cine, filmografía del director, reparto artístico, ficha técnica.

Esta película pasó tristemente desapercibida por el gran público. Tan sólo algunas salas que llevan el cartel de "independientes", se atrevieron a mantenerla algún tiempo. Para quienes tuvieron el placer de disfrutarla en cine y para los que se perdieron la oportunidad, proponemos el rescate de Sang Woo y su abuela de la última estantería arrinconada del video club, o mejor, que vayáis a comprárosla para tener una de esas joyitas que uno, de vez en cuando, debe tener en casa.

El cine oriental tiene escasa repercusión en nuestras pantallas, sobre todo si hablamos de ese congelador término: el gran público. Pero, ¿qué es el gran público? Da como miedo pensarlo, ¿no? El mismo miedo que sentiría nuestra abuela protagonista, si le preguntaran. La cinta cuenta con absoluta sencillez (algo muy característico de cierta parte del cine oriental), la extraña pero finalmente entrañable relación, que se establece entre Sang Woo, un niño de unos 9 años, caprichoso y malcriado, proveniente de la ciudad de Seúl, y su abuela, una anciana sordomuda con la espalda doblada por los años, que vive en una remota aldea.

La película se inicia con la entrega del niño (fría y distante la madre de Sang Woo) a la abuela, quien lo acepta tal y cómo es, y sin necesitar ningún otro tipo de explicación de su desnaturalizada hija. Los primeros contactos son muy difíciles para Sang Woo, que no para la abuela, quien continúa con su rutinaria actividad diaria. Este comportamiento sorprende e irrita al mismo tiempo al pequeño, acostumbrado a la cultura de "esto quiero, esto te doy". Poco a poco sus diversiones y costumbres tendrán que ir variando... No encuentra pilas para su Game Boy, ni para sus robots, no consigue hacer funcionar la televisión, no se acostumbra a la recia comida del campo... Pero sus lloros y lamentos no parecen afectar a la abuela, al contrario, lo que siente es una absoluta curiosidad por ese "niño" que parece salido de otro planeta.

La película es un sutil pero contundente contraste, entre una cultura sofisticada, materialista y egoísta, la de Sang Woo, y una cultura basada en el compartir, en la búsqueda de lo esencial, en el escuchar y atender al de enfrente, la de la abuela. Con esta reflexión cabría plantearse de dónde proceden ambas culturas. Sería injusto argumentar que la de Sang Woo procede del mundo occidental, mientras que la de la abuela del mundo oriental. Baste con mirar muchos de nuestros pueblos donde todavía no ha llegado el imperialismo de la cultura del hedonismo.

Ambas culturas, la occidental y la oriental poseen valores universales que superan todas las barreras. El peligro se encuentra en la mercantilización de nuestros sentimientos, en la trampa de la búsqueda del goce a cualquier precio y en el consumismo devastador, y esto nos afecta a todos, en su sentido más amplio.

Texto: Eva Latonda