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TÍTULO ORIGINAL: In America Yo no sé por qué, si por ser mujer, madre de familia o sencillamente porque soy muy sensible, pero esta película me ha robado el corazón. No sólo por las dos preciosas niñas que la protagonizan, que encandilará Dos ejes fundamentales sustentan la trama. Por un lado la traumática muerte de uno de los hijos del matrimonio, Frankie. Ni Sarah ni Johnny, la han podido superar. Tan sólo las dos pequeñas, con esa inocencia y sencillez infantil, llegan a hablar con él, a pedirle favores, e incluso a rezarle como intercesor entre ellas y Dios. Por otro lado tenemos el nuevo embarazo de Sarah, que amenaza con poner en peligro tanto la vida de la madre como la del hijo. Ambos acontecimientos, el de la muerte y el de la vida, se hilvanan hasta convertirse en una unidad, a través de la figura de Mateo, un vecino negro que está muriéndose de SIDA y que actuará como padre espiritual de la familia. Se juntan así dos hechos trascendentes en la existencia del ser humano; el de la vida y el de la muerte. El director parece encarar ambos con un mismo sentido positivo; el de la vida como la maravillosa oportunidad para construir Sheridan ha conseguido en esta cinta rodar lo invisible, mediante el maravilloso recurso de una narración sencilla y sincera, poniendo sus propias emociones al servicio de la cinta; demostración de humildad y entrega como no he visto en ningún otro director en mucho tiempo. Son sus propios sentimientos (él también tuvo un hermano llamado Frankie que se murió a muy temprana edad), y sus propias vivencias tras su llegada a Estados Unidos, lo que nos muestra el director. Emoción, risas, ternura, realismo... Todo ello se junta en esta película de forma magistral. No querría terminar sin hablar de la fortaleza y el coraje de la madre, que a pesar de todas las dificultades -grandes- con las que se encuentra, sabe superarlas para luchar por sus hijas, su matrimonio, y por su bebé. |
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Eva Latonda |