Número 44, enero 2004

TÍTULO ORIGINAL: In America
DIRECCIÓN: Jim Sheridan
INTÉRPRETES: Samantha Morton (Sarah), Paddy Considine (Johny), Djimon Hounsou (Mateo), Sarah Bolger (Christy), Emma Bolger (Ariel)
GUIÓN: Jim Sheridan, Naomi Sheridan y Kirsten Sheridan
PRODUCTOR: Arthur Lappin
PAÍS/AÑO: EEUU, 2003

Yo no sé por qué, si por ser mujer, madre de familia o sencillamente porque soy muy sensible, pero esta película me ha robado el corazón. No sólo por las dos preciosas niñas que la protagonizan, que encandilarán hasta a los mas fríos, sino por todo el hecho de la historia en sí misma. Para introducírosla brevemente, pues lleva ya un mes en cartel, os contaré que En América es una película semi-autobiográfica del director irlandés Jim Sheridan. Este realizador nos ha tenido acostumbrados a historias muy duras. Recordemos varios de sus títulos como director: Mi pie izquierdo, En el nombre del padre, El prado, The boxer... Qué duda cabe que En América se aleja bastante de las anteriores (también estupendas obras cinematográficas). Sin embargo, todas ellas conservan un mismo punto en común: los lazos familiares como pilar que sustenta a la personalidad del individuo. Esto se palpa en la película, más que en ninguna otra del realizador irlandés.

Dos ejes fundamentales sustentan la trama. Por un lado la traumática muerte de uno de los hijos del matrimonio, Frankie. Ni Sarah ni Johnny, la han podido superar. Tan sólo las dos pequeñas, con esa inocencia y sencillez infantil, llegan a hablar con él, a pedirle favores, e incluso a rezarle como intercesor entre ellas y Dios. Por otro lado tenemos el nuevo embarazo de Sarah, que amenaza con poner en peligro tanto la vida de la madre como la del hijo. Ambos acontecimientos, el de la muerte y el de la vida, se hilvanan hasta convertirse en una unidad, a través de la figura de Mateo, un vecino negro que está muriéndose de SIDA y que actuará como padre espiritual de la familia. Se juntan así dos hechos trascendentes en la existencia del ser humano; el de la vida y el de la muerte. El director parece encarar ambos con un mismo sentido positivo; el de la vida como la maravillosa oportunidad para construir un mundo mejor; el de la muerte, como el paso definitivo. Existe un momento en la cinta muy claro en este sentido; cuando las dos pequeñas y el padre están diciendo adiós a Mateo (ya muerto) desde la ventana. La mayor dice a su padre "Di adiós también a Frankie", momento en el que el padre recupera su dignidad perdida y consigue soltar el lastre de la no aceptación de la muerte.

Sheridan ha conseguido en esta cinta rodar lo invisible, mediante el maravilloso recurso de una narración sencilla y sincera, poniendo sus propias emociones al servicio de la cinta; demostración de humildad y entrega como no he visto en ningún otro director en mucho tiempo. Son sus propios sentimientos (él también tuvo un hermano llamado Frankie que se murió a muy temprana edad), y sus propias vivencias tras su llegada a Estados Unidos, lo que nos muestra el director. Emoción, risas, ternura, realismo... Todo ello se junta en esta película de forma magistral.

No querría terminar sin hablar de la fortaleza y el coraje de la madre, que a pesar de todas las dificultades -grandes- con las que se encuentra, sabe superarlas para luchar por sus hijas, su matrimonio, y por su bebé.

Eva Latonda