Número 44, enero 2004

G. K. Chesterton
Editorial El Acantilado

SI DE ALGUNA MANERA hubiera que definir en dos trazos de brocha gorda la actitud de Chesterton ante la vida, podría ser la de una apertura absoluta, irremediable, ante todo lo que aconteciera ante su mirada. La aventura existencial de Chesterton fue la de un buscador del sentido de cuanto existe sin olvidar que la vida está para aprovecharla, para sacarle rendimiento, para bebérsela con sed de milenios. Por eso, su perspectiva vital y literaria fue de un optimismo absoluto ante lo real. Quería escribir contra los decadentes y pesimistas que gobernaban la cultura de la época. Él decía que la mera existencia, reducida a sus límites más primarios, era lo bastante extraordinaria como para ser emocionante. "Cualquier cosa comparada con la nada y aunque la luz del día fuera un sueño -dice en su libro-, era una ensoñación, no una pesadilla. El simple hecho de que uno pudiera agitar los brazos y las piernas demostraba que no era la parálisis de una pesadilla o que, si lo era, era una pesadilla agradable". En él había un fino agradecimiento que le mantenía unido a una especie de rescoldo de religiosidad. Él, que jamás había recibido formación filosófica ni religiosa, comenzó a dar carrete a sus interrogantes gracias a ese mínimo de gratitud misteriosa ante las cosas. Y ese talante tan suyo, tan vitalista, se debe a la intervención de los grandes hombres de la literatura que despreciaban las interpretaciones pesimistas de la existencia, como Walt Whitman o Browning, que decía que Dios "debe estar contento de que uno ame tanto su mundo", o Stevenson (cuya biografía analizamos en estas mismas páginas) cuando afirmaba que tenía la creencia en la "decencia última de las cosas". Para escarbar todavía más en esa actitud optimista de Chesterton, incorporó una mirada de asombro permanente que le invitaba a interrogarse si detrás de todo no habría un Imaginador, un Inventor de locuras que destilaba belleza por todas partes. Por eso, habla de la actitud de perplejidad ante lo real. "El objetivo de la vida artística y espiritual consiste en excavar hasta encontrar aquel enterrado amanecer de asombro". Su biografía es para dedicarle una vida, no unas horitas. ¡Absténganse los enganchados a las telenovelas y a los best-sellers!

Dora Rivas