Número 44, enero 2004

En las circunstancias políticas más difíciles es siempre la mujer quien se bebe el trago más amargo. Xinran Xue es una mujer que ha tenido el valor de hacer un programa de radio en la China monopartidista sobre la dignidad de sus compatriotas. A ella la separaron de sus padres por la Revolución Cultural. Tras ser reeducada ingresó en el ejército y luego fue periodista. Con Den Xiaoping se iniciaron tímidamente los primeros pasos de apertura del país y pudo llevar a cabo su programa de radio, un espacio en el que cupieran testimonios de la vida de las mujeres en China. Y empezó el pitote. Ya que allí salieron a la luz abusos de toda índole, padres con sus hijas, humillaciones varias, mujeres compradas que permanecían atadas durante años a los pies de sus amos, etc. Además del dolor de miles de mujeres, los oyentes fueron percibiendo que las hijas de la reforma y la apertura de la nueva China no habían gozado de un entorno social adecuado, ni sabían del cariño de una familia en la que desarrollarse con dignidad y libertad. El jefe de programación empezó a olerse los problemas y a percibir que el espacio se estaba ganando la animadversión de los jefes del partido, y le dijo a Xinran, "la reforma de nuestro país no es igual a una revolución. Somos los portavoces del partido y no podemos emitir lo que nos dé la gana". Y entró la censura como un viento del ártico. Actualmente, Xinran vive en Londres y es una de las más virulentas promotoras de la dignidad de la mujer en China. Ha escrito de todo y ha intervenido en todos los foros posibles para acercar al público occidental el dolor de la mujer en su país. Dice que en China puedes tener familia, pero sin sentimientos; o sentimientos, pero no familia. En casa puedes tener tus creencias religiosas y hacer lo que te plazca; fuera, cree en el partido y ándate con cuidado con lo que haces. Desde los tiempos matriarcales, la mujer ha sido tratada como un objeto. Incluso en el diseño arquitectónico, la mujer estaba situada en las dependencias accesorias del patio familiar (donde se guardaban las herramientas y dormían los criados). Desde aquí nuestro aliento para esta heroína que está publicando libros donde cuenta los casos de mujeres que viven en condiciones infrahumanas mientras el PCCh hace oídos sordos, pero también la comunidad internacional.